The show must go on...

El sonido de un cristal quebrantándose en mil y un pedazos, diminutos, es la mejor metáfora de lo que ocurre cuando muere un sueño. Los sueños, siempre son grandes metas, la mayoría de veces inalcanzables para uno mismo, que de una manera u otra te hacen seguir adelante, por la ilusión estúpida de llevarlos a cabo algún día. Siempre, absolutamente siempre, en algún momento te das cuenta de que ese sueño es completamente imposible, y justo en el instante en el que lo descubres, se rompe dejando en el suelo un millar de pedazos que ignoras aunque dentro de poco ellos serán tu único motivo para vivir. Te lamentas, odias todo, maldices todo lo que existe, pataleas cual niño pequeño en tu habitación por haber perdido la partida contra la realidad, hasta que te cansas, e intentas proponerte otra meta, algo nuevo que nunca habías pensado antes. Pero hay una diferencia; No te propones uno, te propones un centenar de sueños, seleccionando de los pedazos rotos del primero los que te interesan y desechando los demás. Pero esa no es la única manera de volver a rehacer tus metas desde otras ya olvidadas, hay dos formas más: La primera, es jugar a ser mago, ser un nigromante que se acerca a un cementerio lleno de sueños enterrados descansando después de haber sido asesinados por la vida, abrir un libro llamado tenacidad y leerlo, hasta que los sueños vuelvan a revivir, vuelvan a ser parte de tu vida y acompañarte de nuevo siempre pase lo que pase. Esta forma de volver a recrear metas muertas sólo puede ser usada por unos pocos, o bien estúpidos ignorantes que no saben ni dónde viven, o por los más sabios cultos, eruditos y lectores constantes de libros olvidados en el tiempo de calidad indudable. No hay punto medio, los primeros, lo harán porque no podrán pensar otra cosa, y los segundos, porque la considerarán la mejor opción de todas las que tienen a elegir. La última opción, es la más difícil y sinónimo de locura, y es el no deshacerse de un sueño, no abandonarlo, ni si quiera pensar en dejarlo de lado, tan solo luchar y luchar por él, aplastar a todo lo que se te ponga por delante y conseguirlo a toda cosa. Incluso si tardas toda la vida en conseguirlo, pero lo conseguirás porque tú quieres conseguirlo, y te da exactamente igual todo. Es la opción más soberanamente idiota que alguien puede elegir. Eso no es fuerza de voluntad, es idiotez. Perderás tiempo intentando conseguirlo, y si es prácticamente imposible, dedicarás tu vida a una utopía que jamás se cumplirá. Si un sueño te cuesta demasiado de conseguir, sé práctico, abandónalo, hay un trillón de sueños que conseguirás con un poco de esfuerzo, que deseas alcanzar pero que cegado por esa gran meta que tienes en un altar no quieres verlos. Y es que, con el tiempo, se comprende que lo que realmente sirve en la vida, es ser práctico, pensar con la cabeza y usar la razón. Muchos dirán que te perderás lo mejor de la vida, que hay que ser a veces impulsivo… etc. Ser práctico no significa que no puedas ser impulsivo, ser práctico es saber cuándo ser impulsivo y cuándo calculador. No siempre pensar es sinónimo de predecir todo lo que va a ocurrir y actuar en consecuencia, a veces pensar es dejar la mente en blanco y dejar que el corazón tome el control de tu cuerpo durante un tiempo.
La vida es un cambio de roles constante, una obra de teatro en la que cada 5 minutos cambias de personaje, y no sabes el papel de ninguno, sólo puedes improvisar. No seas idiota, el público no sabe tu papel, búrlate de ellos, relájate e inventa tu guión.

Dissapearing in the air...

Los sueños son masas de ilusión que se mueven de cabeza en cabeza entre la gente. Pequeños cúmulos de metas e intentos de un futuro mejor, llenos de afán de superación, estúpido orgullo inútil y quebradiza determinación de cristal oscuro. Reconocer un sueño es algo fácil, sencillo, algo cotidiano y que no merece la más mínima atención, en principio. Quizás si aprendiésemos en fijarnos en las cosas cotidianas, veríamos que la mayoría son más extrañas que las que hacemos esporádicamente, pero eso es prácticamente imposible. Todo este lío onírico lleva a la pregunta relacionada íntimamente con un sueño: ¿Por qué está mal dejarlo todo para perseguir un sueño? Hoy en día, decir adiós a todo lo que te rodea y apartar lo que te impide el llegar a alcanzar ese sueño, o lo que te entretiene y no te deja en cierta manera conseguirlos, está muy mal visto. Pocas personas tienen el coraje, la fortaleza y el orgullo de hacerlo, es un duelo de fuerza de un destino contra un frágil humano, dispuesto a remover cielo y tierra por algo que desea conseguir. ¿Por qué alguien no puede largarse de su casa sin decir nada, y empezar a navegar por el mundo sin tener a dónde ir? ¿Tan mal estaría que alguien quisiese perseguir un fugaz sueño? Esta sociedad nos aprisiona, nos mantiene cabizbajos con ilusiones y sueños que nunca podrán cumplirse, porque así nos lo hacen ver todo... pero hay que arrasar, romper con todo, que el idealismo vuelva a ser el día a día del mundo, que el mundo se rija por el arte de nuevo, que la belleza vuelva a cobrar importancia en una sociedad que intenta carecer de ella, eliminando así el último bastión de belleza pura que existe en este desdichado planeta.
Los sueños, simples y la vez complejos, aterradores gigantes que merman nuestra voluntad de conseguir hacer algo grande a la velocidad de la luz, siendo en realidad pequeños animales esperando a ser recogidos por alguien que se atreva a romper con la falsa cara que les han impuesto con el tiempo. Pacientes vigilantes de un absurdo lugar donde nadie puede vivir, por mucho que quiera.

Our song...

Nada. Absolutamente nada, conseguiría alterar mi concentración total en un pensamiento que me consume poco a poco. Como una cerilla encendida, encorvándose lentamente mientras el fuego purifica y destruye lo que antaño era un diminuto trozo de madera. Todo se evapora en esos momentos, la realidad se diluye fundiéndose con las sonrisas y una pequeña risotada en perfecta comunión. Todo se vuelve oscuro y negro, las pocas velas temblorosas que permanecían encendidas, se van apagando con el vendaval provocado por su recuerdo. Todo se remonta a una palabra, cuatro letras, cuatro letras que consiguierón provocar esto, una sílaba que consiguió quebrar un corazón ardiente y decidido, en pequeños trozos que se buscan entre ellos para poder empezar a recomponerse a paso de tortuga. Ella. Esa palabra maldita que no se puede pronunciar, un recuerdo tabú en una mente al borde de la demencia, en el filo del espiral de la locura, un olor prohíbido una mirada cegada... por ella. Cada momento, cada minuto pasado con ella son ahora la peor de las torturas, los dardos bien apuntados más dañinos y letales que pueden existir, la única pesadilla real que consigue hacerme ver que sigo vivo, aunque en realidad, no sienta nada. El dolor se ha hecho fuerte en mí, controla mis actos y se ha apoderado de mi alma.
Ya no hay ningún lugar al que correr para esconderse, ningún árbol dispuesto a cubrir esa lluvia y darme calidez hasta que amananezca, ningún portal perdido en una ciudad silenciada por la noche en el que dos jóvenes enamorados se besan pausadamente, disfrutando del momento por completo. No hay nada que hacer, la lluvia cala por completo toda mi escasa fortaleza, la ha quebrantado por competo, las brechas eran demasiado grandes como para seguir soportandolo, los defensores imparables de mi soledad, valientes y bravos, implacables ante cualquier enemigo, acabaron tumbados en el campo de batalla, gimiendo desesperados y agonizando, por culpa de un lobo vestido de oveja, llamado amor. Se ha terminado, la resistencia es inútil, toda lucha en contra de una cara con la sonrisa caída y ojos lloros, no servirá de nada. La inexpresión se está apoderando de mí, el vagar sin rumbo en una mancha en mi memoria se vuelve inevitable, el conseguir evadirme de un mundo sin escrúpulos empieza a ser imposible. Ya nada volverá a arder dentro de un apagado muñeco, acompañado de su perfecta soledad, que vaga inocente de su futuro, destrozado por su pasado, y marcado por su presente.

Nocturne sonata...

Al fin, todo vuelve a ser como antes. El cielo se ha vuelto gris, un amanecer no es más que un nuevo día de desesperanza y un atardecer, el inicio de una andanada de lágrimas y sonrisas irónicas. Las miradas inexpresivas dirigidas como balas bien apuntadas hacia alguien que no las comprenderá se vuelven la única forma de ver el mundo, y los paseos nocturnos solitarios hacia ninguna parte se vuelven cada vez más comunes. Es hora de que el único calor que vuelva a sentir sea el del manto de oscuridad que me ofrece la noche, que mi voz se vuelva quebradiza y débil, abatida por un mundo que le arrebató la determinación y las ganas de chillar. Ya no hay nada por lo que luchar, ya no hay… nadie, por quien hacerlo. El mundo tal y como lo conocí se desvaneció con una composición de palabras, cuyas antagonistas se produjeron hace hoy un año. Siempre pensé que hoy seguiría a su lado, y podría haberlo celebrado por todo lo grande con ella, pero no ocurrió. Me encontré a la realidad con toda su fuerza de frente y me aturdió, tumbándome del choque para siempre. Lo único que me gustaría es arrancar de mi cabeza todos y cada uno de esos dolorosos recuerdos, borrar el pasado para poder ver algo de presente. En cambio, lo único que puedo limitarme a hacer, es escribir y escribir, mientras bebo whisky caro escocés y el sonido del ventilador rompe el silencio sepulcral de la noche. Parece que esta vez podré beber algo diferente, y el contexto ha sido diferente a la otra, parece que será más duro, más largo, y más difícil. Otra cosa que superar por una frágil alma que ya no da más de sí, se empieza a resquebrajar lentamente, un pequeño gamberro llamado amor ha conseguido picarla lanzando piedras sin parar, una erosión lenta y dolorosa, hasta que el alma ceda finalmente y desaparezca de un cuerpo que no puede soportarla. Todo empieza a oscurecerse por completo, la penumbra total se apodera de mi habitación a tiempo con el tic-tac del reloj, y ya va siendo hora de desaparecer de una vez por todas. Mi último trago, va por vosotros.

Last words.

Palabras. Nada más, eso son lo que son, palabras. Millones y millones de letras, agrupados en morfemas, que se ponen de acuerdo para crear palabras. Y estas, a su vez, se reúnen en frases, y párrafos, y páginas… y en libros. Cualquiera puede usar estas maravillas de la humanidad, pero tan sólo unos pocos pueden crear verdadera magia usándolas. Todos conocemos a alguno de esos genios, literatos que consiguen emocionarte con borrones negros a los que nos enseñaron a llamar “letras”. Y en realidad no son nada más que eso, borrones negros. Somos nosotros los que les damos significado. Gracias a eso, una palabra nunca tendrá una definición completamente objetiva. El diccionario siempre servirá para sujetar la pata coja del sofá, y para poca cosa más. Todos somos diferentes, y como tales, tenemos una visión distinta de la realidad que nos rodea, y por culpa de ese contexto, las palabras varían de significado de una persona a otra. Creo que las palabras son el único invento humano que realmente mereció la pena, lo único que la razón humana dio bueno de sí. Con las palabras puedes crear belleza, hacer llorar, hacer reír, son las dueñas reales de nuestros sentimientos. Nadie puede conseguir dominarlas por completo, son las indomables señoras de la mente humana. Estamos rodeados de ellas, y no nos importan para nada. No valoramos lo que son las palabras, tan sólo asimilamos su significado, pero ya está. Nadie se habrá parado a pensar en lo precioso que es el sonido de una “s” después de cualquier vocal, la suavidad que adquiere la siguiente vocal, parece que esté domada y sea dócil. O en cambio, la fuerza bruta de la “f”, perfecto retrato de la naturaleza salvaje y hostil que nos rodea. Y por qué no, también en la bella forma de la “t” dos trazos que pueden crear la más bella de las letras, me atrevería a decir. O la perfección de la “z”, tres trazos rectos y fuertes, un zigzag que derrocha energía en cada milímetro de su extensión. Las letras transmiten belleza y sentimientos, y las palabras ideas y pensamientos. Son la unión perfecta. Yo las maltraté. Tuve el valor y la osadía de hacerlas sentir incómodas entre ellas en frases, creando así un caos y desorden de unos niveles exorbitados. Cada palabra que sale de mi mente es una cuchillada más a estas inocentes víctimas. Por eso es hora de que las deje tranquilas, no merecen sufrir por culpa de alguien como yo. Seguro que sin mis aportaciones infernales conseguirán algo de dignidad y de prestigio, el que le quité al empezar a usarlas. Nunca podré solucionar el daño que les hice, pero sí puedo parar de seguir acuchillándolas. Lamento seguir escribiendo, pero quiero aprovechar los últimos párrafos que saldrán de mi mente usándoos a vosotras como método de transmisión sentimental. Espero que alguien pueda volver a utilizarlas debidamente para crear la mejor magia que existe. Que alguien pueda devolverles la dignidad que les hice perder. No lo volveré a intentar, lo prometo. No merecen volver a ser destrozadas de tal manera otra vez. No merecen salir de la mente de alguien que como yo.
A partir de ahora… me conformaré con ser su pequeño admirador secreto, las seguiré de cerca en los libros e historias que pueda encontrar, y observaré silenciosamente sus esbeltas figuras y sus mágicos halos de negros. Son borrones negros, sí. Pero son los borrones negros de los que se compone la vida, los borrones negros que dan sentido a muchas vidas, los mismos que comprenden a gente como yo sin conocerla de nada, y se dejan usar por cualquiera, y la verdad es que pocos las cuidan con la delicadeza que merecen. Ya es hora de que deje de dañar a estas damas y señoras de mi vida. Hasta siempre, mis borrones negros.

Fire, burn for anything...

No hay nada más agradable que sentir el calor en la espalda, en un día de invierno. El Sol envía a sus múltiples súbditos a molestarte, sin embargo... estos cambian de opinión por el camino, y en vez de esto, te acarician la piel con suavidad, como si de tu propia madre se tratase, provocando una sensación de bienestar muy agradable. Sin embargo, el fuego te quema. Es hostil, rara vez es agradable, sinónimo de destrucción, rabia e ira. Creo que esta asimilación es incorrecta, el fuego no es destrucción, es fuerza, y vida. No es la primera vez que se habla de "fuego interior". Eso, ocurre mucho más de lo que creemos, y ni si quiera nos fijamos en eso. Dentro de esta montaña rusa que es la vida, infinita además, lo vivimos mucho. Un día, estás destrozado. Sin ganas de nada, odiando todo, aumentando ese odio a cada segundo, sin cesar. Viviendo en un pequeño mundo que creaste, intentanto evadirte de lo que un día fue tu vida, encerrado en ti mismo. Asimilando el dolor como tu sentimiento normal, y la tristeza como tu compañera inseparable de aventuras. Y ese mismo día, por cualquier estupidez, piensas: "¿Ya es hora de decirle al mundo que estoy vivo, no?"... y empiezas a sentirlo. Sientes como las cenizas de tu corazón empiezan a arder, sientes como se van reagrupando y creando otro corazón, rojo como la sangre, tan caliente que arde, llegando a todo tu cuerpo, tu corazón se prende fuego, y derrite la frialdad de tu soledad, sientes como involuntariamente una sonrisa irónica se pinta en tu rostro, notas como tus ojos arden, como el fuego se apodera de ellos haciéndolos brillar con más intensidad que el mismísimo Sol, que les envidia al verlos. Tu corazón ahora inconsumible por las llamas eternas de la determinación, parece una gran tempestad de fuego y furia que sururra:"Sigo vivo, y lo demostraré". Te conviertes en el enemigo del invierno, tu brillo y esplendor le desafían en su campaña de escarcha y soledad, y ni si quiera él puede detenerte. Lo consigues todo, tus límites ardieron con el fuego de tu corazón. Nada ni nadie puede pausar tu intento de comerte el mundo, que estás consiguiendo. Hasta que... sin previo aviso, el fuego se apaga. Estás congelado, inmóvil, tu piel se ha metamorfoseado en ardiente escarcha, y tu rostro imita a la perfección la expresión ausente del frío. Todo reaparece, tus límites, tus miedos... todo. Tu sentimiento de inmortalidad, desapareció al instante como una gota de agua en medio de un horno ardiendo. Todo acabó, las cenizas de lo que una vez fue un corazón, aparecen esparcidas por el reducido espacio en el que antaño ardía un corazón eufórico, con hambre de gloria. El fuego se apagó, tu corazón se ha reducido a cenizas por completo, y la oscuridad inunda tu cuerpo. Tus ojos han dejado de brillar, ahora tan solo buscan cruzar la mirada con otros ojos que sean capaces de revivir a tu fénix durmiente. Tu rostro permanece inmóvil, no muestra expresión alguna. Pagas el alto precio de la euforia.
La euforia puede ser preciosa, lo mejor, la perfección. Pero acaba. Y cuando acaba, tu cuerpo, acostumbrado a sentir una energía ilimitada, la necesita con urgencia, y no puedes proporcionársela. Tu cuerpo añora esa energía, y tu alma también, hasta el punto de que vuelven a su estado natural. En mi caso, la tristeza desoladora, y no puedo evitarlo. Al igual que los sentimientos. Ellos, son los que nos hacen vivir, sin duda alguna, buenos o malos, les debes tu vida. No puedes controlarlos a tu antojo, son totalmente independientes de tus opiniones, no te harán caso si piensas que estarías mejor feliz. Sólo hay una manera existente de atraerlos; Usando tu determinación, proponiéndote sentir ese sentimiento, e intentando conseguirlo por todos los medios. Mientras tú no digas que quieres ser feliz, jamás lo serás. Aunque, hay que aclarar que no todos buscan ser felices. La felicidad no es el sentimiento que todos queremos. Una minoría prefiere su opuesto natural, la tristeza, aunque no la persigue. Sabe que vendrá sola.

Heart of dreams...

Erase una vez, un pequeño ser, el cual en un tiempo lejano, fue grande, de aspecto intimidatorio y bonachón al mismo tiempo, que dominaba su cuidad, llamada Mente. El –ahora- pequeño Sueño, no sabe cómo ocurrió muy bien, pero de un día para otro, dejó de dominar esa ciudad, porque cada vez se le respetaba menos y nadie le hacía caso, hasta que se hizo pequeño, del tamaño de un arbusto en un gran bosque. Desesperado ante la situación, vagaba libremente, con la mirada perdida en el vacío que todo aquello había dejado en él, buscando respuestas a preguntas que no había parado a plantearse. Tan sólo andaba, y andaba… sin saber hacia dónde se dirigía, sin conocer si quiera si andaba en círculos en la misma manzana, no se fijaba en nada, ni en nadie, lo único que hacía era deslizar su pie derecho acariciando el áspero suelo de asfalto sucio, dejándolo descansar unos segundos, y después enviando detrás a su hermano gemelo, arrastrándolo con la misma desgana, característica de la desesperación y la desorientación total.
Un día, se dio cuenta de que salió de la ciudad, y siguió caminando, por un ancho camino de tierra y piedras. Lo que le llamó la atención, es que no era el único: Le seguían de cerca otros seres como él, con la misma mirada, y con el mismo paso. Los olvidó, y siguió su camino. Lo que nunca se preguntó, fue hacia dónde iba ese camino, no le importaba, tan sólo quería salir de allí.
Día tras día, caminó y caminó… hasta que llegó a una ciudad, derruida, en ruinas prácticamente, llena de seres como él, exactamente iguales que él. Antes de entrar a la ciudad, pudo distinguir un cartel, en el que se podía leer, con un poco de esfuerzo: “Bienvenidos a Corazón: La ciudad de la esperanza”. Sueño entró en Corazón, y conversando con los demás seres similares a él, decidieron ayudar a los habitantes de Corazón, y reconstruir la ciudad. Tras meses, incluso años de esfuerzo, consiguieron reconstruir Corazón, y la ciudad adquirió un brillo mágico, cualquiera que lo viera desde lejos, quedaba hipnotizado por su belleza e intensidad. Sueño, tras reconstruir Corazón, creció. Pero no fue el único, todos los seres similares a él, lo hicieron también. Día a día, crecieron más, y más, y se animaron hasta recuperar las ansias de dominar su antigua ciudad, Mente, y fueron a ella dejando atrás Corazón. Todos, menos el pequeño gran Sueño. Él se quedó en Corazón, y la mantuvo, como pudo, reconstruyendo edificios y evitando incendios y catástrofes varias. Tras un par de meses, llegaron varios seres como él, como Sueño, exactamente igual como él llegó a Corazón, con la mirada perdida y arrastrando los pies cansados de caminar y de seguir existiendo. Sueño se decidió, y los animó, hasta que recuperaron su altura original, y le dijeron a Sueño, que Mente había sido destruida, pero que cuando se fueron, estaba otra vez reconstruida, como si no hubiera pasado nada. Y Sueño, se quedó en Corazón, hasta que se hizo realidad, y fue sustituido por otro como él, otro Sueño, coordinador y guardián de Corazón.
Es difícil decir dónde están situados los sueños, podría decir que en la mente, o en el corazón. No se puede saber, seguramente eso dependerá de quién sea el que se lo pregunte, para algunos, estarán en el corazón, y para otros, en la mente. Los primeros, serán unos sensibleros, débiles y frágiles como una pequeña rama seca caída de un árbol en invierno. Los segundos, serán fríos, fuertes y prepotentes. Pero… digo yo, ¿Y si… están en las dos partes?
¿Cómo sería esa persona? Supongo que esa persona, sería débil y fuerte a la vez, cariñoso y frío a la vez, distante y cercano a la vez. Todo depende de si hay sueños por igual en cada uno, o en uno hay más que en otro. Lo único que sé, con toda seguridad, es que los sueños nunca mueren. Tan sólo se cambian de ciudad.

This is for you...

Hola, querida. Espero que estés bien, es lo único que deseo. Yo... bueno, estoy destrozado, pero ya se me pasará, y espero que tú me ayudes a superarlo, seguro que con tu ayuda todo se arreglará con la facilidad con la que consigues hacerme sonreír. Es un tanto extraño que te escriba esto, lo sé, pero... es que, consigues despertarme algo que supera al amor como lo conozco, lo supera con creces, además. Eres... única, no existe nadie como tú, eres diferente a como todo el mundo te ve, eres... maravillosa, alguien... mucho más que especial, no puedo describirlo con palabras. Eres dulce, cada vez que hablas consigues hacerme sonreír, una sonrisa mezclada, entre vergüenza y felicidad. Eres cariñosa, me encanta que me abraces y me beses, que susurres palabras forjadas con amor puro, dichas desde lo más profundo de tu corazón, y... que sobretodo, me animes siempre, haciendo lo que sea, incluso tonterías un rato. Me encanta cómo me tratas... es cierto que a veces te enfadas, es normal, pero... muy pocas veces, poquísimas... y mientras no estás enfadada, eres la que mejor me ha tratado y me tratará en mi vida, eres muy buena conmigo, y nunca podré agradecértelo lo suficiente. Adoro tu risa, ese sonido que consigo provocarte de vez en cuando, que contagia irremediablemente el virus de tu felicidad a los demás, el cual conseguiste que se hiciera crónico en mí. Me quieres por cómo soy, por cómo te trato... me quieres por todo mi yo, y me lo demuestras siempre que nos vemos, eres increíble. No tenemos los mismos gustos, salta a la vista, pero algo parecidos, y no puedo describir lo que siento cuando te interesas por alguno de los míos, aún yo sabiendo que no te hiciera mucha gracia llevarlo a cabo, lo haces, por mí. ¿Sabes? Aún no te conozco, y ya te quiero. No te he visto en mi vida, ni si quiera sé si existes, si estás viva o tienes que nacer. Todo esto, va por ti preciosa, aunque no sepa de tu existencia, de... alguien que entró en mi vida, la revolucionó, y se quedó para siempre en ella. Es extraño que utilize un pasado cuando aún ni si quiera te he visto una vez, pero sé que algún día lo harás. Seguramente jamás leas esto, espero que sí, pero nunca se puede saber. Lo único que puedo asegurarte, es que te buscaré. Removeré cielo y tierra para encontrarte, no me importa esperar unos años, porque merecerá mucho la pena, una eternidad merece la pena por ti. Si te encuentro, lo sabré. Si te veo por la calle, un cruce de miradas, tan sólo uno, será suficiente para reconocerte. Tu mirada angelical conseguirá llenar el hueco en el que una vez hubo un corazón, y ahora sólo hay cenizas que esperan renacer con la chispa de tus ojos.
Estoy sentado debajo de mi ventana, hoy hay luna llena, y es más preciosa de lo normal. Es casi hipnótica. Espero que tú también la estés mirando, en alguna parte del mundo, así, al menos, podremos habernos mirado gracias al reflejo de ese astro frustrado. Ya es tarde, a lo mejor estás durmiendo. Qué descanses, me encantaría estar a tu lado y acariciarte el rostro, a la par que te beso la frente con delicadeza y suavidad, y mientras me alejo, susurrando un "Descansa, hoy ha sido un día duro" sonrío presenciando el rostro más bello que jamás pude ver. Buenas noches, mi amada desconocida.

...

Es curioso cómo se funden las lágrimas con la lluvia. Una mezla perfecta, las gotas de lluvia, insípidas, con un ligero sabor, entre salado y amargo, que te recorre la garganta, y que sientes cómo acaricia tu esófago con delicadeza, deslizándose dinámicamente, a la par que elegante.
Los paseos sin rumbo bajo la lluvia, junto con los paseos solitarios por la naturaleza, son lo mejor de la vida. Y de entre ellos, prefiero los paseos bajo la lluvia, con diferencia. Los paseos bajo la lluvia, consiguen que puedas sentirte vivo, puedes perderlo todo, absolutamente todo... pero... gracias a esos mágicos paseos, te das cuenta de que, aún te queda algo: Sigues vivo. No sabes si tomártelo como un consuelo, o como una maldición. Lo tomes como lo tomes, cada vez será de forma diferente, no volverás a tomartelo igual nunca. Unas veces como un consuelo, y otras como una maldición. Sentirse vivo no siempre es bueno, a veces, sienta bien sentirte muerto, sin sentir nada. De vez en cuando, cuanto menos sepas de tu existencia, mejor. En cambio, otras veces, deseas sentirte más y más vivo, ser todo lo feliz que puedas, ignorando tu caída, próxima e inevitable.
Odio la vida. Odio este maldito círculo. No quiero caer y levantarme. Quiero que, por una vez, al menos una, pueda caer dos veces, o levantarme dos veces. Quiero quebrantar las reglas, quiero cambiar el destino y demostrar que no es imposible. Quiero romper de una vez por todas el círculo. Quiero desafiar a la naturaleza de la vida humana. Sé que voy a perder, sí, lo sé perfectamente. Pero prefiero intentarlo, una y otra vez, antes que quedarme de brazos cruzados dejando que este odioso círculo controle mi vida. Ojalá consiga hacerlo algún día. Tan sólo uno.
Supongo que esto no tiene mucho sentido, pero me aferro al dadaísmo como si de un clavo en fuego se tratase.