Our song...

Nada. Absolutamente nada, conseguiría alterar mi concentración total en un pensamiento que me consume poco a poco. Como una cerilla encendida, encorvándose lentamente mientras el fuego purifica y destruye lo que antaño era un diminuto trozo de madera. Todo se evapora en esos momentos, la realidad se diluye fundiéndose con las sonrisas y una pequeña risotada en perfecta comunión. Todo se vuelve oscuro y negro, las pocas velas temblorosas que permanecían encendidas, se van apagando con el vendaval provocado por su recuerdo. Todo se remonta a una palabra, cuatro letras, cuatro letras que consiguierón provocar esto, una sílaba que consiguió quebrar un corazón ardiente y decidido, en pequeños trozos que se buscan entre ellos para poder empezar a recomponerse a paso de tortuga. Ella. Esa palabra maldita que no se puede pronunciar, un recuerdo tabú en una mente al borde de la demencia, en el filo del espiral de la locura, un olor prohíbido una mirada cegada... por ella. Cada momento, cada minuto pasado con ella son ahora la peor de las torturas, los dardos bien apuntados más dañinos y letales que pueden existir, la única pesadilla real que consigue hacerme ver que sigo vivo, aunque en realidad, no sienta nada. El dolor se ha hecho fuerte en mí, controla mis actos y se ha apoderado de mi alma.
Ya no hay ningún lugar al que correr para esconderse, ningún árbol dispuesto a cubrir esa lluvia y darme calidez hasta que amananezca, ningún portal perdido en una ciudad silenciada por la noche en el que dos jóvenes enamorados se besan pausadamente, disfrutando del momento por completo. No hay nada que hacer, la lluvia cala por completo toda mi escasa fortaleza, la ha quebrantado por competo, las brechas eran demasiado grandes como para seguir soportandolo, los defensores imparables de mi soledad, valientes y bravos, implacables ante cualquier enemigo, acabaron tumbados en el campo de batalla, gimiendo desesperados y agonizando, por culpa de un lobo vestido de oveja, llamado amor. Se ha terminado, la resistencia es inútil, toda lucha en contra de una cara con la sonrisa caída y ojos lloros, no servirá de nada. La inexpresión se está apoderando de mí, el vagar sin rumbo en una mancha en mi memoria se vuelve inevitable, el conseguir evadirme de un mundo sin escrúpulos empieza a ser imposible. Ya nada volverá a arder dentro de un apagado muñeco, acompañado de su perfecta soledad, que vaga inocente de su futuro, destrozado por su pasado, y marcado por su presente.

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