Los sueños son masas de ilusión que se mueven de cabeza en cabeza entre la gente. Pequeños cúmulos de metas e intentos de un futuro mejor, llenos de afán de superación, estúpido orgullo inútil y quebradiza determinación de cristal oscuro. Reconocer un sueño es algo fácil, sencillo, algo cotidiano y que no merece la más mínima atención, en principio. Quizás si aprendiésemos en fijarnos en las cosas cotidianas, veríamos que la mayoría son más extrañas que las que hacemos esporádicamente, pero eso es prácticamente imposible. Todo este lío onírico lleva a la pregunta relacionada íntimamente con un sueño: ¿Por qué está mal dejarlo todo para perseguir un sueño? Hoy en día, decir adiós a todo lo que te rodea y apartar lo que te impide el llegar a alcanzar ese sueño, o lo que te entretiene y no te deja en cierta manera conseguirlos, está muy mal visto. Pocas personas tienen el coraje, la fortaleza y el orgullo de hacerlo, es un duelo de fuerza de un destino contra un frágil humano, dispuesto a remover cielo y tierra por algo que desea conseguir. ¿Por qué alguien no puede largarse de su casa sin decir nada, y empezar a navegar por el mundo sin tener a dónde ir? ¿Tan mal estaría que alguien quisiese perseguir un fugaz sueño? Esta sociedad nos aprisiona, nos mantiene cabizbajos con ilusiones y sueños que nunca podrán cumplirse, porque así nos lo hacen ver todo... pero hay que arrasar, romper con todo, que el idealismo vuelva a ser el día a día del mundo, que el mundo se rija por el arte de nuevo, que la belleza vuelva a cobrar importancia en una sociedad que intenta carecer de ella, eliminando así el último bastión de belleza pura que existe en este desdichado planeta.
Los sueños, simples y la vez complejos, aterradores gigantes que merman nuestra voluntad de conseguir hacer algo grande a la velocidad de la luz, siendo en realidad pequeños animales esperando a ser recogidos por alguien que se atreva a romper con la falsa cara que les han impuesto con el tiempo. Pacientes vigilantes de un absurdo lugar donde nadie puede vivir, por mucho que quiera.
