Heart-crushed...

Y ahí estás. De nuevo, en pie. Ya no hay nadie a tu lado, vuelves a sentir el frío de la noche rodeándote con sus gélidas manos tú única compañía, de nuevo. Contemplas tu corazón, destrozado en el suelo. En miles y miles de pedazitos que... no se pueden volver a recomponerse, nunca más. Inmóvil, te agachas, impresionado por lo que acabas de ver, intentando buscar alguna forma de repararlo, pero... es inútil, ya no hay ninguna posibilidad. El suelo empieza a mojarse en ese instante, lágrimas de dolor e impotencia inundan el suelo, cayendo sobre los pedazos destrozados de lo que una vez fue tu corazón, tus sentimientos, tu alma, lo que te hacía... humano. Se acabó. Ya no hay nada humano en ti. El hueco de tu corazón lo ocupan ahora el dolor y la tristeza. Poco a poco, vuelves a la normalidad, mientras el dolor y la tristeza se fusionan y toman forma de un nuevo corazón para reemplazar al anterior.

Día a día, andas por la calle con una expresión gélida e inmóvil, la mayoría de veces acompañada de unos ojos húmedos a punto de romper a llorar. Ese nuevo corazón, es negro. Está lleno de odio y de rabia, y en sus entrañas solo consigues encontrar tristeza y desilusión. Tu expresión se vuelve permanente, no consigues mostrar sentimientos porque sólo conoces uno; El dolor. No conoces nada más, solo eso, y tu cara puede que varíe, pero todo es falso. Andas por la calle a diario, como un fantasma, esquivando a la gente con tranquilidad y sin un rumbo fijo, solo esperas que el dolor se quede con esa gente y te pierda de vista. Pero no ocurre, y siempre acabas sentado en cualquier lugar, solo, contemplando el infinito, tan perfecto que su belleza es hipnótica. Día tras día, esto se convierte en rutina, y aumentando de tiempo gradualmente, hasta que estás todo el día contemplando esa perfección del infinito, huyendo de la realidad que tanto daño te ha hecho. Hasta que un día... algo ocurre. No estás solo ahí, alguien más ha venido a contemplar el infinito. Se presenta, y no la conoces de nada, pero te hace compañía. Cuando vuelves a tu templo de la tranquilidad para descansar hasta que de nuevo tengas que huir de la realidad, sientes que tu corazón no está igual, algo ha ocurrido. Ya no es negro, hay una porción que es roja y te consigue hacer sonreir. Intentas ignorarlo, porque sabes que volverás a vivir esa tortura diaria si sigues con eso, y entierras ese sentimiento como antaño en lo más fondo de tu ser. Vuelves durante unos días a tu rutina, y ella está siempre allí, haciéndote compañía, y cada vez tu corazón vuelve a latir por amor, vuelve a latir por alguien, vuelve a latir por... ella. Intentas enterrar ese sentimiento, como sea, no quieres volver a sufrir lo mismo, no confías en que ella sienta lo mismo por ti, es demasiado para ti, es alguien que nunca podrás tener a tu lado. Y... un día, te lo confiesa. Te dice que si que siente lo mismo por ti, y que te necesita a su lado. Tu corazón en ese pequeño instante vuelve a ser rojo, rojo intenso, latiendo más fuerte que nunca con amor y felicidad. No sabes qué hacer, necesitas recuperarte de ese shock. Al día siguiente, vuelves a lugar de siempre a contemplar el infinito, y cuando la vuelves a ver, sonríes, y le dices que también sientes lo mismo que ella. Todo es increíble, no crees que eso pueda ser real, nunca creíste que existiera una cura para tu negro corazón corroído por el odio y la desilusión... y... ella destroza tus teorías y hace que puedas volver a soñar, a vivir, a ilusionarte, a... ser humano otra vez. Ella es tu pequeña porción de cielo, con ella todo es perfecto, no existe el dolor, no existe la tristeza, solo el amor y la alegría. Es un sueño hecho realidad, no puedes expresar tanta felicidad, solo... te acurrucas en su hombro y cierras los ojos disfrutando de ese mágico momento junto a ella. Vuelves a conseguir mostrar tus sentimientos otra vez, y todos ellos buenos. No tienes palabras para agradecer lo que ha hecho por ti, solo quieres abrazarla y no soltarla jamás, y besarla hasta que tu saliva y la suya sean la misma. Y... entonces, sientes que algo vuelve a arrastrarte a tu vida anterior, solitaria y... sin ella. Sacas tu espíritu de lucha, ganado gracias a ese tiempo que pasate solo, desenfundas tu espada, y aniquilas a todo lo que pretende sacarte de esa situación, lanzas el escudo y tu valentía crea una nueva arma, una pistola disparando balas de felicidad e ilusión. Demuestras que esta vez no vas a caer, que nunca más vas a volver a estar como antes, porque ahora tienes a alguien por quien luchar, tienes a alguien por quien vivir. No importa cuántos sean esos problemas, tu valentía no tiene límites, y nos superas todos por ella. Un día, ella necesita tu ayuda. Entonces, tu valentía se crece mucho más de lo que jamás habrías pensado, y lanzas tus armas, no son suficientes, lanzas un grito de guerra estremecedor que eriza todos los pelos de tus adversarios, tus ojos toman un color amarillo brillante, y tu cuerpo no conoce límites de fuerza y destreza. Cargas contra esos problemas armado de valentía, ilusión, felicidad, y... por ella. Pero la lucha es demasiado difícil. Te da igual, continúas y continúas luchando, por ella, te da igual, solo quieres que sea feliz y quitarle los problemas de en medio. No te vas a rendir así como así, vas a luchar por ella hasta el fin, por mucho que te cueste. Y cuando por fin todo acaba... vuelves a estar a su lado, acurrucado en su hombro otra vez, susurrándole frases de amor y mimándola. Le debes todo y... nunca se podrás agradecer lo suficiente. Esto es el amor, hace milagros, tanto para mal, como para bien, sólo... límitate a esperarlo, el solo se encargará de todo.

The funniest game...

El juego más divertido que existe, es la vida. Es la verdad, no hay nada más divertido que vivir. Te entretienes en todo momento, te lo pasas bien... es un juego único digno de cualquier estantería de coleccionista en edición especial. A todos se nos da un ejemplar de este juego al nacer, y se nos dice que juguemos siempre, a algunos les toca la edición especial que contiene bonuses de suerte, amistad, amor y felicidad, y a un reducido grupo de personas, les toca la edición de coleccionista, que tiene una dificultad superior a las anteriores, y tiene contenido desbloqueable a lo largo del juego. Lo mejor de este juego, es que ningún ejemplar es igual que otro, la historia de cada juego de la vida cambia, ninguna es igual. Si, lo he puesto bien, soy consciente plenamente de que he puesto que la mejor edición de este juego tiene una dificultad mayor, y efectivamente, es la mejor. Esto es completamente cierto, cuanto más fácil te resulta hacer algo, menos lo aprecias al terminarlo, cuando te cuesta una eternidad, te sientes feliz y realizado, y, sobre todo, orgulloso de haberlo terminado. La diversión en la vida es proporcional al grado de dificultad de la misma. Porque, si todo lo lográramos a la primera, no tendría ninguna gracia, estaríamos acostumbrados a las glorias, todo sería monótono, siempre acabando con final feliz. Y... ¿No es más divertido lograrte con tu esfuerzo un final feliz en un mundo triste? Si todo es dificil, complicado, pesado... y te decides a llevarlo a cabo, con determinación y fortaleza, cuando te das cuenta de que lo has logrado, esa sensación es increíble, es la más pura felicidad que puedas experimentar. Y, es que la perfección es aburrida. Si, si, prefiero ser imperfecto y saber que lo soy me encanta, porque la imperfección es bella, preciosa e inigualable. El ser humano no tiene las facciones totalmente simétricas, están movidas un poco, si fueran simétricas, la belleza humana desaparecería. La naturaleza tampoco es perfecta, los árboles tampoco son simétricos, los mires por donde los mires, y... son preciosos, elevándose sobre nuestras cabezas con elegancia y modestia, mirándonos desde lo más alto, vigilándonos como si de nuestros protectores se tratase. La imperfección es belleza. Y los errores son divertidos. Cuando cometes un error en la vida, se suele decir que desearías volver al pasado para repararlo. Pero... si pudieramos hacer esto... ¿Qué sería de nuestra vida? Sería perfecta, no existirían los errores, ni se sabría lo que es la felicidad, porque no puede haber un día sin una noche. Si cometes errores, no hay nada mejor que repararlos, empezar desde lo más hondo de tu error, a reconstruir todo lo fallido y reparar el daño hecho con tu ilusión y esfuerzo. Cuando por fin lo reparas, te sientes realizado, has superado un bache más, lo has conseguido y disfrutas de tu logro. Hasta que de repente, en medio de tu alegría, vuelves a cometer otro error, y vuelves a repararlo. El proceso nunca se detiene, es un uroboros. Y esto hace la vida lo que es, imperfecta, bella, única e irrepetible. La tristeza. La tristeza no es mala, si sientes tristeza, ya sabes como será la felicidad. No puedes sentirte feliz, si nunca has estado antes triste. Si estás triste, algún día estarás feliz, y viceversa, la vida está llena de altibajos. Y es lo más maravilloso de esta vida, que nunca es igual, que... afortunadamente, cada día es diferente al anterior, que nunca se repite, que... no es simétrica entre sí. La vida es imperfecta, y esto es lo que la hace perfecta.

Rise forever...

Piensa en algo por lo que luchar. Bien, ahora, olvídalo, y simplemente, lucha. En el primer caso, se le llamaría comúnmente valentía, en el segundo, locura. Eso es lo que diferencia estos dos sentimientos, ese motivo. Si, lo he dicho bien, sentimientos, porque eso es lo que son. La valentía no es una cualidad, todos la tenemos, solo… hay que saber buscarla y sacarla a la luz. Con la locura pasa lo mismo, todos tenemos algo de locura, solo que algunos la ocultan más que otros, todos hemos pasado un momento tonto en el que nos hemos dejado llevar por algo de locura, y normalmente sale mal. Pues bien… siento decir, que esto no es la valentía. Buscar un motivo por el que luchar a diario no es ser valiente, es estar perdido. La valentía… es otra cosa diferente. Todo empieza un día cualquiera, caminas tranquilo por la calle, cuando de repente, algo te asalta, y te esconde en un callejón. No puedes verle la cara, la lleva tapada. Te inmoviliza en el suelo, y te rebusca por los bolsillos, tira el dinero al suelo, cuando lo hace, sientes un escalofrío y piensas: “¿Qué demonios querrá de mi?”. Y, por fin, aparece tu rescate. Tus queridas y adoradas Ilusiones. Cuando estas, empiezan a pegar al enmascarado, este, huye corriendo de la escena. Tus Ilusiones te ayudan a levantarte y a seguir hacia delante. Con el tiempo, estos ataques van aumentando, de frecuencia, y de número de asaltantes. Escuchando conversaciones ajenas, te das cuenta de que se les llama normalmente Penas a estos asaltantes enmascarados. Llega un día, en el que las Penas son tantas y tan fuertes, que acaban haciendo añicos tus Ilusiones. Ese día, es el inicio de tu pesadilla. Te secuestran, te llevan a una habitación, donde solo dejan entrar a una dama contigo. Se presenta y te hace algo de compañía, dice que se llama Soledad, y que quiere ser tu amiga. Aceptas por obligación, y pasas el día y la noche hablando con ella. Mientras hablas con ella, descubres muchísimas cosas que antes no sabías, y te das cuenta de que hay cosas que son mucho peores de lo que parecen ser, o también de que no todo es de color rosa, que la mayoría es de color gris o negro. Día a día, el tiempo pasa y tú, sigues encerrado en cuatro paredes hechas de lamentos y lloros. Continúas hablándole a tu nueva amiga Soledad, te sorprende saber que es muy agradable hablar con ella, y que es una buena compañía. Y continúas estableciendo lazos de amistad con Soledad, hasta que… un día, se harta de ti, y se va de esa habitación, y te deja solo. Te pones nervioso, pero poco a poco asimilas el no tener ya nada más. De vez en cuando, empiezan a entrar algunas Penas y te pegan palizas, te destrozan hasta que no pueden más, y se van. De repente, cuando te están pegando una paliza, entra un desconocido, y les ayuda a pegarte. Cuando acaban, se van todos menos él. Se sienta a tu lado, y empieza a hablar contigo. No quieres contestarle, pero necesitas hablar con alguien, y acabas cediendo. Poco a poco, consigue que le tengas algo de confianza, y cuando se la tienes, se presenta. Se llama Cobardía, y dice que es el que tiene la solución a todos tus problemas. Después de decir esto, saca un cuchillo, dice que está forjado por él, y que esa es la solución a todo. Lo coges incrédulo, y empiezas a pensar. Crees que es una idiotez, y que es absurdo, es la vía fácil. Aun así, acabas pensando que es lo mejor y lo único que puedes hacer. Cuando por fin la Cobardía mina por completo tu voluntad y se apodera de ti, lo decides hacer. Cuando ese cuchillo toca tu piel, se rompe una pared y entra entre humo y luz un personaje bastante pintoresco. Lo primero que hace, es dispararte al cuchillo y enviarlo lejos de ti. Viste de negro, lleva un sombrero negro, y una gabardina que le cubre hasta la nariz, negra también. Lleva varias armas colgadas a su espalda, y dice ser portador de la auténtica solución. Te ves en una encrucijada, o terminar con todo por lo fácil, o avanzar y decirle a mundo que aún tienes guerra por dar. Cuando te decantas por la segunda opción, Valentía te da un arma, la que quieras, está hecha de euforia y motivación, y está cargada con libertad. Sales por ese agujero, y aniquilas con la ayuda de Valentía a todas las Penas que se cruzan en tu camino, caminas con un rumbo fijo, buscando venganza, con una determinación tan fuerte como el acero, continúas aniquilando Penas, hasta que… llega el día, en el que no hay más. La pesadilla… se acabó. Buscas nuevas ilusiones que te acompañen a diario, y cuando todo está rehecho otra vez, Valentía se despide de ti, te pide su arma, y se va. Pero antes de hacerlo, te avisa de que siempre estará ahí, cuando no puedas más, llegará y te ayudará. Vives tu vida normal de nuevo, se te hace extraño. Al principio, tardas en acostumbrarte otra vez a estar bien, pero poco a poco, vuelves a ser el mismo de siempre, y a vivir como antes. Y… tiempo después, otra Pena vuelve a aparecer en tu vida… pero esta vez sabes qué hacer, y si la cosa se pone fea, Valentía te ayudará. Esto es realmente la valentía. No es plantarle cara a alguien, o pelear cuando en el otro bando son más. Eso, es locura. La valentía, es levantarte cuando no puedes caer más hondo, eliminar todos tus problemas de raíz, y plantarle cara al mundo, gritar: “¡Eh! ¡Qué estoy aquí!” bien alto, para que todos lo escuchen. Todo depende de lo que tú quieras, si quieres caer, te dejarás caer, pero… si quieres vivir, vivirás. La valentía es nuestro ángel de la guarda personal. Nunca la olvides.

No way...

“Todos vivimos para ser felices”, “El dinero no da la felicidad” o “El sentido de la vida es ser feliz” son expresiones comunes que todos hemos escuchado alguna vez, no textualmente, pero con esa idea. ¿Nadie se ha preguntado nunca, si esto es compartido por todos? La felicidad es algo muy relativo, es diferente en cada persona, y todas, o la inmensa mayoría de las personas viven intentando encontrarla. Hay una obsesión generalizada hacia ella, es como el oro, todo el mundo la quiere, pero cuando la tiene, no sirve de nada. Y la verdad es que casi nadie se hace la pregunta de: ¿De qué sirve ser feliz? Porque realmente, el ser feliz sirve de poco. Si eres feliz, haces todo más contento y puede que mejor, pero nada más. ¿Merece la pena luchar toda la vida para poder hacer las cosas bien? Opino que no, y que se debería de pensar sobre la utilidad de la felicidad. Hay metas que podrían ayudar mucho más a la sociedad que el intentar ser feliz. En realidad, la felicidad es un sentimiento egoísta de la humanidad, uno más, quiero decir. Normalmente siempre intentas que la felicidad sea para ti, no para los demás, aunque siempre hay excepciones, que quieren la felicidad de otras personas. ¿Qué sería un mundo sin felicidad? La verdad, es que sería un mundo mejor al actual. No habría una obsesión por ella como la que hay ahora, al no tener la felicidad como meta, se buscarían otras metas mas fáciles de conseguir, y se lucharía por ellas con todas las fuerzas que tengas. Así, serías feliz aunque no te des cuenta. Es imposible imaginar un mundo sin felicidad, es un sentimiento que mueve la vida junto con la tristeza, moviendo entre las dos tu particular montaña rusa. La felicidad, no es un término fácil de definir, como he dicho antes, es un sentimiento muy relativo, muy personal. Un ejemplo claro es la felicidad de un atleta. Un atleta busca ser campeón de algún campeonato mundial, o batir el récord mundial de velocidad, en cambio, para un guitarrista es tocar bien la guitarra y destacar en el mundo de la música, y llegar a lo más alto tocando la guitarra. Supongo, que sabiendo esto, se podría definir la felicidad como el obsequio que obtienes por llegar a cumplir tu mayor meta. Por esto la felicidad es la meta de prácticamente todas las personas, porque para cada persona la felicidad es una meta diferente. Sentirse feliz… es algo por lo que realmente vale la pena luchar. No hay nada mejor que sonreír sin ningún motivo, sentirte liberado de las cadenas de problemas, y mirar la vida con otros ojos, con ojos de ilusión por vivir, ilusión por saber que has conseguido algo que nunca hubieras imaginado, tu sueño, tu meta. Te sientes bien contigo mismo, pero poca cosa más. En la práctica, la felicidad te puede ayudar a muy poco. Al ser un sentimiento tan “bueno”, llegar a él, es toda una odisea. Es un camino largo y lleno de obstáculos, llamado comúnmente “vida”. Todo el largo camino, empieza el día en el que encuentras un pequeño rayo de esperanza que te guía por el interior de la cueva, hasta una salida, al principio, caminas hacia ella incrédulo de lo que ves, pensando que será un espejismo a causa del hambre de ilusiones, pero no lo es. Has pasado mucho tiempo caminando, ya era hora de salir de ahí de una vez por todas. Cuando por fin consigues estar fuera, al salir, toda la luz del exterior te aturde, pero sonríes aun estando ciego unos minutos, ya está, todo ha acabado. Cuando consigues recuperarte de esa ceguera, te sientas en alguna roca de la entrada a la cueva de tu infierno personal. Contemplas todo lo que hay fuera, sorprendido, observando un mundo delante de ti completamente diferente al que conocías dentro de tu cueva, sin compañía, sin gente, sin… nada. Decidido, te levantas y empiezas a andar hacia lo desconocido, con la idea de que va a ser diferente, y que será mejor que tu cueva. Entras en la primera ciudad que encuentras, y empiezas a recomponerte con ilusiones y sueños nuevos que cumplir, pero uno de todos ellos, es el que más deseas, ese es por el que lucharás siempre. Desde ese día, todo vuelve a empezar para ti, olvidas lo pasado, y solo vives para conseguir tus sueños. Día a día, avanzas más en ese camino hacia tu meta, para ser feliz. Hasta que un día, por fin, se hace realidad. Has llegado a tu cima, lo has hecho. Todo ese camino… ¿Ha merecido la pena? Contemplas feliz lo que has conseguido, por fin, lo has logrado, tu sueño se ha hecho realidad, y te sientes formado y hecho, y sabes que puedes volver a conseguirlo, aun tienes fuerzas para mucho más. Vives con esta felicidad un tiempo, contento por haberlo hecho, hasta que un día… piensas. Grave error, es mejor no hacerlo mientras eres “feliz”. Te das cuenta de que, la felicidad, no sirve de nada. La has tenido en un pedestal todo este tiempo, y descubres que no es nada más que satisfacción por haber cumplido su sueño. Y ya está, nada más, no tiene nada más de especial, no te va a ayudar a hacer mejor las cosas, ni a conseguir ser mejor persona, como mucho, a abrirte más a la gente y conocer a gente nueva, nada más. Te sientes estafado, y decepcionado. Bajas de la colina de la gloria, andas por la ciudad, observando todo tranquilamente, pensando que no deberías haber pasado por allí. Continúas andando, contemplando por última vez la ciudad donde la mayoría viven. Sales de ella, no lloras, estás tan afectado que no puedes llorar, has bajado de lo más alto a lo más bajo en cuestión de semanas. Andas como un autómata hacia tu destino ya bien conocido, pensando en todo el tiempo que has perdido. Llegas a tu cueva, suspiras, la echabas de menos. Te quitas las zapatillas, y entras de nuevo a ella, buscando tu rincón oscuro, tan oscuro que no puedes ver nada al acercarte a él. Te sientas, apoyado en la pared de tu rincón, estaba fría, ya era hora de calentarla. Dejas caer la cabeza hacia atrás, sin fuerzas, rendido de todo lo que has pasado… para nada. Pasas los días así, comiéndote la cabeza con el tiempo tan valioso que has perdido. Te levantas y te acuestas con el mismo pensamiento, una decepción inmensa. Y siempre, absolutamente siempre, te preguntarás lo mismo: ¿Para esto merece la pena ser feliz?

The story begins again...

Cada persona ve la vida de una manera totalmente distinta a otra.Unos pueden ver la vida como una fiesta, como algo que no volverá a ocurrir y que hay que disfrutar al máximo. En cambio, hay otros que creen que la vida es una maldición, algo que creen que les ha ocurrido para fastidiar, ellos no han elegido vivir la vida, sin embargo, les ha tocado hacerlo. Estas personas, son fáciles de reconocer, por la calle, o incluso por teléfono, siempre piensan de la misma manera y creen que todos quieren hacerles daño, porque nadie les ha tratado bien. Daño. Esa es la palabra clave, daño. El dolor es la maldición de estas personas, condenadas a encerrarse en sí mismas por miedo al dolor, que creen que les provocarán los demás. A veces tienen razón, pero otras muchas pierden grandes momentos que podrían haber vivido y recordado para siempre. En fin, hablaré de la raíz de la visión de la vida de estas personas, el dolor. El dolor, es un sentimiento por desgracia muy presente en nuestra vida diaria, y que nos hace sentirnos mal, o molestos por algo. Puede ser dolor físico, como una herida, o dolor psíquico, como pueden ser insultos o humillaciones. El dolor físico puede ser difícil o fácil, pero prácticamente siempre se puede tratar. En cambio, el dolor psíquico, no es tan simple. La mayoría de veces, queda grabado en la memoria para siempre, y no se puede tratar de ninguna manera. Este dolor, puede ser por cualquier cosa, un insulto, una simple frase, cosas que parecen tontas, pero que muchas veces se toman demasiado en serio, y duelen. La persona que lo dice no se da cuenta de lo que hace, pero tú, quien lo sufres, notas como te hundes en la miseria en escasos segundos. Caes, y sigues cayendo sin parar, intentas disimularlo, como sea, pero llega un momento en el que el dolor es tan grande que tienes que romper a llorar en alguna parte. Andas a la deriva, sin mirar a donde quieres ir, te da igual donde ir, solo quieres llorar tranquilo, y normalmente la compañía, aunque parezca que no, molesta, un poco, pero molesta. Cuando ya lo has superado, enhorabuena, has superado otro obstáculo en tu vida, solo te quedan cientos de miles de millones más por superar. Y es que la vida es así, larga y dura para algunos, corta y sencilla para otros. Normalmente, los insultos, suelen ser pasajeros, te insultan una vez, y ya se olvida, lo recuerdas durante un tiempo, pero acabas olvidándolo. Todo se acaba, y lo sabes siempre, pero hay veces en las que no quieres reconocerlo, por cualquier cosa. Otras veces, esos insultos persisten, y nunca se acaban, parece que el mundo esté contra ti, pero, llega un momento, en el que ni si quiera a ti te importa, el ser humano es capaz de adaptarse al medio, y te acabas acostumbrando a ese pequeño infierno que tienes a tu alrededor, pero… suele costar, mucho o poco, pero cuesta. Aguantas día a día, buscando algo para conseguir evadirte de ese infierno, cada uno encuentra su pequeño trocito de cielo en su vida, puede ser desde un libro, hasta una película, pasando por un juego y la televisión. Vive en esa pequeña porción de cielo, esperando a que se acabe la tormenta para salir de ahí y ver la luz, o algo parecido a eso. Un motivo por el que luchar, un motivo por el que seguir viviendo, seguir hacia delante sin importar lo demás, seguirás sin mirar atrás para conseguirlo, te da exactamente igual todo, solo intentas ayudar al viento a que se lleve la tormenta de ahí para poder salir, y ver la luz, y conseguir por fin tu objetivo, esa luz por la que llevas luchando mucho tiempo, quizás demasiado. Esa luz, eso que brilla detrás de la tormenta y que a veces las nubes son tantas que no puedes ver con claridad, pero aun así, todas las mañanas te levantas con la esperanza de que una ráfaga fortuita de viento se haya llevado la tormenta muy lejos de allí, y poder seguir hacia delante, intentando que tu pequeña porción de cielo, se convierta en todo un imperio. Cada uno tiene unos objetivos marcados para conseguir ese imperio, y son variados y distintos, son demasiados como para clasificarlos todos, e incluso para clasificarlos generalmente. Poco a poco vas conquistando tierras llevando por bandera tu felicidad y por arma tu esperanza. Llega un momento en el que por fin te das cuenta de que has conquistado todo, te paras un momento, y observas orgulloso tu hazaña, feliz, inmóvil llorando de emoción, algo que para ti era algo por lo que luchar a diario, para ganar esa esperanza que necesitas para seguir viviendo rodeado de problemas, de nubes tan negras como el carbón que te nublan por completo todo lo que ves, y solo consigues ver problemas, problemas, y más problemas. De vez en cuando ves un pequeño rayo de esperanza que disipa parcialmente la tormenta, pero que en rara ocasión ocurre. Esos pequeños rayos, consiguen que sigas hacia delante, te dan algo indispensable para esta odisea, ilusión. Y por fin, después de mucho tiempo, te das cuenta de todo lo que has vivido, todo, todo por lo que has pasado, merece la pena. Contemplas desde una colina hecha de esperanza todo tu imperio, tu imperio cuyo himno es el de la alegría y sonríes, sonríes y lloras, algo que nunca habías hecho, llorar sonriendo, llorar de emoción. Todo lo has hecho tu, con tus propias ilusiones, con tus propias esperanzas y sobre todo, con tus ganas de vivir. Continuas todos los días observando desde esa colina todo tu imperio de felicidad, viviendo como crees que siempre has merecido, y nunca pudiste. ¿Pero esto es así para siempre? No. Está demostrado, todo lo que asciende, debe caer. Un día, aparece alguien, que empieza a llamarte desde debajo de la colina para cualquier cosa. Pasas de él día a día, lo ignoras, hasta que finalmente, te das cuenta de que si no quieres bajar, te bajará esa persona. De repente, tu imperio se destroza, se desintegra y se convierte en arenas de recuerdos esparcidas por el viento que te golpea con fuerza cuando andas por la calle. Continúas ahí, inmóvil, sin creerte lo que ves, y comprendes que todo era demasiado bonito para durar para siempre. El día siguiente, tu colina de esperanza se convierte en barro gracias a las nubes de problemas que han decidido llover encima de ti de nuevo, y caes, y por fin, te encuentras de frente con esta persona que te estaba llamando desde hace unos días. Se presenta, y te dice que se llama soledad, y que tiene una amiga llamada tristeza que quiere acompañaros durante unos cuantos años, el doble de lo que has tardado en construir tu imperio y esperar a que esa nube se fuera de tu pequeña porción de cielo. No puedes despegarte de ellas, te siguen a todas partes y te atormentan para que no puedas mirar hacia delante. Andas de nuevo sin rumbo por una calle de tu antiguo imperio, solo consigues ver banderas quemadas, edificios construidos de sueños destruidos y personas hechas de ilusión que han sucumbido a la lluvia corrosiva creada por tu inseparable atormentadora llamada soledad. Y vuelves a llorar. Lloras con rabia, con ganas, lloras con todas tus fuerzas, para expulsar de ti esa rabia que no te deja vivir. Y los días pasan y nada cambia, solo ves paisajes desolados y destruidos, sin ninguna vida, no ves a nadie vivo, no ves a nadie por el que levantarte y luchar juntos por recomponer tu imperio, esa ilusión viva, esa ilusión que buscas pero no encuentras nunca. Tu única motivación para seguir vagando por ese mundo desolado por la destrucción, es encontrar a esa ilusión que malherida te pida rehacer tu imperio. No la encuentras, muchas veces te quieres rendir, quieres que tus dos atormentadoras acaben contigo, pero no lo hacen, solo viven para verte sufrir, disfrutar de tu desgracia y reírse de ti. Con el paso del tiempo, encuentras algunas vivas, te animan a seguir, algunas te acompañan, pero tus dos atormentadoras, soledad y tristeza, las hacen pedazos en cuanto tienen oportunidad. Continúas tu odisea acumulando tu rabia hacia ellas, día a día, mes a mes, año a año. Un día, encuentras un pequeño grupo de ilusiones, que armadas con esperanza, te entregan un poco de esta, y sientes como la espera ha merecido la pena, echas de tu vida con muchas fuerzas a esas dos atormentadoras, y cuando por fin se han ido, quieres recomponer los pedazos de lo que fue tu felicidad, para que lo vuelva a ser. Mientras andas con tus nuevas compañeras por la calle, las ilusiones, algo ocurre. De repente, todo se vuelve a nublar, y vuelve a llover de nuevo. Miras al cielo, sientes la lluvia sobre ti, te derrite esa lluvia, corres a buscar un pequeño lugar donde no llueva, al final lo encuentras, llegas allí destrozado, sin acompañantes. Observas inmóvil lo que está ocurriendo, y te acurrucas en lo que será tu hogar durante mucho tiempo. Te recompones con el tiempo, y consigues volver a estar entero. Día tras día, la historia es la misma, nada va a cambiar, solo te sientas, permaneces apoyado en una pared, sintiendo tu calor, tu única compañía, tú. Te acurrucas para intentar sentirte más cálido, más cómodo y ahí aguantas hasta volver a levantarte para luchar de nuevo. La historia se repite.

The time forgives everything...

Una mirada. Solo una mirada, y todo cambiará. Con un simple gesto, toda tu vida cambiará de forma repentina para siempre. Pero, en ocasiones, esta mirada nunca llega, y solo te limitas a esperarla, o incluso a intentar buscarla. Es difícil encontrarla, pero una vez encontrada... dicen que todo es bonito, que eres feliz, que ignoras la parte oscura de la vida... yo, no lo sé. Soy uno de esos que sigue buscando esa mirada, solo que... yo no quiero encontrarla. En fín, esto no le interesa a nadie, así que después de este pequeño paréntesis, seguiré con lo que estaba diciendo. No sé si alguien sabrá por dónde van los tiros, pero me estoy refiriendo a ese sentimiento que parece que mueve todo lo existente, que es el rey de todas las fuentes de felicidad que hay; El amor... ese tema tabú para muchas personas, y para las que opinan que no lo és, no saben que es realmente. Siempre han dicho que el amor es un sentimiento muy fuerte y que no se puede definir con palabras... ¿Eso... eso es cierto? Las palabras se crearon para entenderse entre la humanidad, y pueden expresarlo todo. El amor, no es nada más que un sentimiento que muchos tienen en un pedestal... y otros juegan con el a diario. El amor, es una simple ternura exagerada por alguien, inexplicable de momento para la ciencia, pero todo llegará. Después de esta pequeña introducción por la que muchos me juzgaréis mal, me llamaréis insensible y demás insultos variados, empezaré a "analizar" los tipos que existen de "amor". El primero, el... no se si decir por desgracia, o por suerte, cada vez más abundante, el amor fugaz, o el falso amor. Ese que... "lo siente" uno o dos meses, y después... se acabó. Normalmente, por no decir siempre, las personas que suelen... "sentir" este "maravilloso e increíble" sentimiento, son las típicas personas superficiales hasta más no poder, que lo único que quieren, es estar con alguien para meterle mano, besarle, y demostrar a sus "amigos" sus hazañas como ligón. A veces, estas personas eligen como víctimas a otras que no son superficiales y buscan un amor sincero y verdadero, y si está enamorada de la otra persona... el infierno no será nada comparado con lo que le espera. Y esto es así, ligones de turno hacen daño a diario a personas sensibles y enamoradizas, y estas últimas, poco a poco, pierden su fortaleza hasta el punto de no tener nada de ella, y... dependen total y completamente de sus amigos en esos momentos. Estas personas, las "ligonas", merecerían sufrir lo mismo que las personas a las que le han hecho daño, pero... ¿De qué sirve eso? ¿Realmente pararán de hacerlo? La respuesta es muy clara; No, no lo harán. También opino que la venganza es una tontería, puesto que si esa persona te ha hecho daño, si se lo devuelves, te rebajarás a su nivel, y no serás alguien mucho mejor que la otra persona, puede que incluso peor que ella. Bueno... ahora le ha tocado el turno al amor "todopoderoso", al que es "para toda la vida", "mueve montañas" y "salta distancias". Este amor... es el real, ese que todo el mundo persigue con todas sus fuerzas, el buscar a una persona... "especial", en quien confiar plenamente, amar y mimar hasta más no poder, y querer con todo tu corazón. Algunas personas consiguen encontrar a "su media naranja" en poco tiempo, otras, están toda su vida buscándola. Dicen que cuando te encuentras con la otra persona, sabes que es ella en el momento en que le miras, y... yo no estoy muy seguro. No creo que se pueda amar a una persona sin conocerla antes, puede que no sea como tú piensas. Y desde ese momento en el que te encuentras con "tu media naranja", solo buscas... su mirada. Solo deseas con todas tus fuerzas que sepa de tu existencia, y tener el privilegio de que esos dos pequeños astros te iluminen la cara. Cuando esto ocurre, hay un algo que te obliga a sonreir, involuntariamente, no puedes evitarlo, solo quieres sonreir y mostrarle al mundo tu felicidad, por una mirada. Un gesto tan simple y sencillo... que parece absurdo. Y lo es, no puedes buscarle el sentido al amor, porque no lo encontrarás, nunca lo ha tenido, y espero que nunca lo tenga. Después de esta mirada, empiezan las conversaciones, y pueden ocurrir dos cosas; Que todo salga bien, y puedas estar con la persona deseada, o que... todo salga mal, y todo tu mundo se derrumbe. Si ocurre la primera opción, serás la persona más feliz de la Tierra, a tu parecer, claro. Solo podrás sonreir y estar siempre de buen humor, pues tienes a tu lado a la persona a la que amas, no puedes pedir nada más. Si ocurre la segunda opción... prepárate, la caída será muy dura. En el momento en el que la otra persona te revela que te has equivocado, y que no siente lo mismo por tí, no sabes qué hacer, no sabes qué decir, no sabes... nada. Solo te limitas a mirarle esperando alguna palabra amable o algo que de a conocer que es una broma... pero esa palabra nunca llegará a salir de su boca. Después de decirtelo, siempre llega la típica frase que todos conocemos: "Podemos seguir siendo amigos, ¿no?" No hay frase que más odie en este mundo. Si no tienes a la persona a la que amas a tu lado, querrás tenerla cerca para saber de ella, y sobre todo, saber que está bien. Luego, la otra persona se esfuma , como el polvo ante una ráfaga de viento, y tu soledad hace su aparición en escena. Normalmente, esto suele ocurrir en un lugar tranquilo, y despues de esto, te vas a tu casa. Te levantas entre lágrimas contenidas, a punto de caer, pendientes de un pequeño hilo de esperanza de que la otra persona aparezca y te abraze, y después de dos o tres pasos, ves que esto no ocurrirá jamás, y las lágrimas caen sin cesar. Caminas con tranquilidad, con tu mirada fija en el suelo, no quieres mirar a nadie, ni tampoco tienes fuerzas para levantar la cabeza, acabas de recibir el golpe más duro de tu vida. Continúas andando, dejando un rastro de lágrimas a tu paso, hasta que por fin, llegas a tu casa. Abres la puerta, y sin decir media palabra a nadie que esté allí, te diriges a tu habitación, cierras la puerta, y te dejas caer en tu cama. Sientes como si quisieras hundirte en ella. Cuando llegas a este punto, miles de pensamientos diferentes pasan por tu cabeza, desde "No me quiere porque no estoy fuerte" hasta "Esta ha sido la gota que colma el vaso... será mejor que acabe con todo este sufrimiento de una vez". Cuando te recuperas medianamente, y consigues dejar de llorar, abres la cama, te metes dentro, te acurrucas, y te tapas, sintiendo únicamente tu calor, intentando que simlule el de alguien que está ahí, pero sabes que no hay nadie. Consigues dormirte después de pensar y pensar en ello, y te intentas autoconvencer de que es una tontería ponerse así por una persona. Al día siguiente, experimentas lo que será tu vida durante un tiempo. Te vistes, sales a hacer cualquier cosa, y cuando sales a la calle, te sientes solo, al andar sin compañía en medio de una sociedad emparejada. No paras de ver gente besándose, caminando juntos de la mano, y haciendo muestras de su afecto mútuo. Bajas la mirada, y caminas despacio, intentando entrar en tu imaginación y olvidarte de lo que ocurre a tu alrededor. Cuando estás así, todo lo haces más lento, no quieres hablar con nadie, y solo quieres estar solo. El día siguiente, cuando vuelves a salir a la calle, has aprendido la lección, y no sales de tu casa sin tu MP4 o móvil con cascos, te los pones en el portal de tu casa, y te olvidas de todo lo que ocurre por unos instantes. Entonces, andas lento, pero para saborear esos momentos de paz. Todo continúa así hasta que finalmente, decides que ya ha pasado mucho tiempo, y vuelves a ser el de siempre poco a poco. Esto es el amor, la dualidad perfecta, si va bien, todo va bien, si va mal, todo va mal... el sentimiento que mueve la vida de algunas personas por completo, y el sentimiento que otras personas usan como entretenimiento. Esto es el amor, algo que nunca se entenderá, pero... por falta de interés de entenderlo.

Like tears in rain...

La felicidad, como sabréis, por desgracia, es efímera y temporal. No tiene sentido, de un día para otro, ves todo bien, y vives sin preocupaciones, sin miedos... sin nada malo. Pero... eso dura poco, demasiado poco, y la caída al abismo duele en proporción de cuánto hayas estado ahí arriba sin preocuparte de mirar hacia abajo. Algunos, sabemos que ese pequeño hoyo, nuestro hoyo, nuestro infierno personal, dónde un amasijo de desánimos, anécdotas tristes, lágrimas, y soledad, dan como resultado un fenómeno al cual conocemos muy bien, la tristeza. La tristeza no siempre va acompañada de la soledad, por mucho que se generalice. No todo gira en torno a ese sentimiento, que, junto al caballero don Dinero, mueve este mundo. La mayoría creén que si estás triste, o deprimido, o no quieres hablar con alguien, es por problemas de amor, o cosas por el estilo; mentira, eso no es verdad, puede ser por motivos varios; un mal día, una mala racha...etc. También creo conveniente desmentir que, cuando estamos tristes, es porque nadie nos ha mostrado su "amor" hacia nosotros, y nos sentimos solos. Tampoco es real, siempre se agradece que te abrazen y que te mimen un poco, pero... no hace milagros. Ni tampoco puede llegar a animarnos, si no se ha mostrado hacia una persona, que en esos momentos está deprimida, un poco de cariño, de "amor", ahora no se va a solucionar con que lo hagas después. La tristeza provocada por el amor, es muy... fuerte, por decirlo así. Lo único que sientes, es dolor, y más dolor, y algo de soledad. Siempre se ha dicho que el apoyo de las amistades en estos casos ayuda muchísimo, y es verdad, ayuda mucho. Sin embargo, nunca se deja de pensar que eres una persona muy desgraciada por no tener a tal persona a tu lado, o que esa persona te ha rechazado por tal cosa. Lo único que quieres, es estar con esa persona, y harías cualquier cosa por conseguirlo... pero los milagros, por desgracia, no existen. Solo piensas en esa persona, su cara, su piel, su... todo. No hay nada que no te guste de esa persona, "el amor" tapa sus defectos, y ella... seguramente ni se inmute de lo que te pasa. Cuando esto ocurre, si no tienes amigos cerca... será duro. Si esa persona sabe como estás, e intenta animarte... saldrás de ahí pronto. Ese tipo de tristeza, es momentánea, dura una o dos semanas, o incluso un mes, pero después se olvida, y vives como si nada hubiera pasado, con la lección aprendida. El otro tipo de tristeza, la real, en la que los motivos son muy variados, y no sabes ni tú mismo el porqué estás así, de tantos problemas que tienes, no sabes cuál elegir como motivo. Este tipo de tristeza, es muy dura, cuando estás sin amigos, o pasan de tí, o no quieres hablar con nadie, se pasa mal, muy mal. En esos días, lo único que quieres, es apartarte del camino de los demás para no estorbar, arrinconarte en un rincón oscuro, y esperar a que todo se calme para salir. A nadie le gusta salir con gente deprimida o triste, y normalmente suelen darte de lado, y si no es eso, tú mismo quieres darles de lado, y estar solo. La soledad siempre ha sido una buena compañera para estos momentos, siempre tiene algo que contarte, y sobre todo, que enseñarte. Cuando te sientes así, solo quieres irte al rincón más recóndito de la tierra, acurrucarte en una esquina, apoyarte en una pared, y dejar que pase el tiempo, lentamente, mientras observas el paisaje que tienes delante tuya. A veces puedes llegar a pensar que estás haciendo el tonto, y que será mejor animarse un poco, pero sabes que volverás a estar igual dentro de poco, solo estás esperando a alguien que te ayude a salir de ahí. Pero en ocasiones, el peso de tus penas, se une junto al tuyo, y hace que no puedas salir de ahí por mucho que te ayuden. Entonces, y solo entonces, es cuando puedes decir que realmente has tocado fondo, y que tienes dudas sobre si saldrás de ahí algún día. Sabes que saldrás, sin embargo, no sabes cuando. Solo dejas pasar el tiempo, mientras esa soledad, te ayuda a pensar en muchas cosas en las que antes no pensabas, como en la muerte, los problemas del mundo, analizar la vida...etc, ese tipo de "tonterías" que nunca pensamos cuando las cosas van bien. Y entonces, cuando menos te lo esperas, sientes que puedes hacerlo todo, y sales del agujero por tu propias manos, aún con el peso de tus penas, pero no te importa, sabes que puedes conseguirlo, porque crees en tí, y sabes que llegarás arriba de nuevo. Cuando por fín subes, debes de volver a rehacer tu vida, desde cero, porque nadie aguanta séis o siete meses ayudándote a salir de ese agujero. Vas a buscarles, para celebrar tu salida, pero te das cuenta de que las cosas han cambiado mucho, y que eras más feliz en tu pequeño rincón oscuro. Cuando intentas volver, siempre, absolutamente siempre, automáticamente, aparece alguien a quien no conocías prácticamente de nada, y te dice que le sigas, y que hables con él. Entonces, ese alguien te para los pies, y te anima para volver a empezar desde cero, con su ayuda, crees que lo podrás conseguir. Cuando por fín consigues dejar todo atrás, y empezar desde cero, la satisfacción que tienes, no se puede describir con palabras. La vida te ha pegado muy fuertemente, y tú has sobrevivido, ahora eres más fuerte, y mucho más astuto. No hay mal que por bien no venga. Pero yo... tengo una pequeña duda; cuando vuelves a empezar... ¿Realmente... has salido de ese agujero, o solo has entrado en otro mucho más hondo?

Time, is only time...

Tic-tac, tic-tac, tic-tac. Esa onomatopeya que simboliza lo único que nunca se parará en este mundo, pase lo que pase. Dos simples palabras, sencillas, unidas por un simple guión que reflejan algo internimable, un fiel espectador que observa todo lo que pasa sin querer entrometerse en ello. Él ve nuestra vida, observador silencioso de la humandidad, nadie sabe que está ahí, temido por todos, querido por ninguno. Gracias a él nacemos y morimos, quién sabe qué ocurriría si algún día decidiera hacer una pequeña pausa para dejar de observarnos. Supongo que ya sabréis sobre qué estoy hablando. El tiempo. ¿Qué es el tiempo? No es fácil de definir, pero intentaré hacerlo; El tiempo, es lo que sabes que existe, y siempre te olvidas de él. El tiempo, es eso que puedes llegar a odiar, y también puedes llegar a querer. El tiempo es alguien que siempre está ahí, cuando nos van mal las cosas, lo queremos, tenemos esa pequeña llama de esperanza que nos anima a seguir hacia delante, junto a él, incansable compañero de viaje, que sabemos que siempre nos seguirá. Cuando todo nos va bien, odiamos el tiempo. Sabemos que todo cambiará a peor algún día, y queremos que se tome un pequeño descanso, y pare todo, para poder disfrutar de lo que estamos viviendo eternamente. Pero eso nunca ocurrirá, el tiempo continuará andando a nuestro lado, hasta el día de nuestra muerte. Tic-tac, tic-tac, tic-tac. Adoro ese sonido, siempre al mismo tiempo, sin acelerar ni bajar el ritmo, siempre igual, muestra de la perfección del tiempo. Los relojes, ese símbolo del tiempo, que nos dice la hora que és, el segundo, incluso el día, todos sabemos cómo funcionan, y solemos llevarlos encima. Es la necesidad de saber qué hora és, la necesidad de saber que el tiempo no se ha parado, la necesidad de saber que queda menos de ese día interminable. Una costumbre muy curiosa de nosotros, los humanos, es mirar el reloj continuamente cuando queremos que pase rápido el tiempo, y curiosamente, pasa más lento. Ese es otro tema que quiero tocar, nuestra percepción del tiempo. Todo depende de nuestro estado de ánimo, y de lo que pase a nuestro alrededor. Cuando estamos enamorados, y estamos con la persona amada, observándole, pensando un "Tengo suerte por estar con ella.". Al parecer, siempre queremos sentir que está con nosotros, que está ahí, que no es un sueño, abrazamos a la otra persona, y la aferramos a nosotros como si fuera la última vez que la fuéramos a ver. A veces, muchos nos quedamos mirándole fíjamente a los ojos, observando inmóviles nuestro reflejo en ellos, viendo el mundo en esas dos pequeñas joyas que no cambiaríamos por nada del mundo. Otras veces, nos quedamos observando la cara que nos trae alegrías diarias, la cara en la que están esas dos piedras preciosas, encima de una boca que usa para dejar escapar esa dulce voz que tanto nos encanta, que nos hipnotiza como una sirena. Solo hay dos palabras, dos simples palabras que lo significan todo cuando estás con esa persona: "Le amo." Quieres acariciar cada milímetro de su piel, con suavidad, sintiendote como si acariciaras algodón, suave, y delicado. No queremos que pase el tiempo cuando estamos con esas personas, le dejamos de lado, queremos que se vaya y no vuelva en unos cuantos años. Otras veces, en cambio, cuando hemos tocado fondo, y sabemos que la luz está ahí fuera, pero giramos la cabeza para no verla, solo queremos encogernos en nuestro pequeño rincón oscuro, y esperar, dejar que el tiempo nos acompañe, y que él haga que todo termine. En esos momentos, solo queremos estar solos, sin que nadie nos moleste, quizás para pensar, quizás porque nos molestan, o simplemente porque no queremos la compañía de nadie en esos momentos difíciles. Pero siempre hay alguien, que quiere sacarte de ahí, de ese rincón y acercarte a la ventana, abrirla y hacer que veas la luz. Muchas veces agradeces la existencia de estas personas, pero otras veces, estás demasiado hundido, que buscas el rincón más alejado para esconderte del mundo, que nadie sepa dónde estás, ni cómo estás. ¿Por qué? En esos momentos, sabes que el mundo no te ha tratado bien, y lo último que esperas, es estar con él. Por ello buscas la compañía del infinito tiempo, y de la fiel compañera y experta en el olvido, la soledad. En fín, todo depende de cómo estemos para precibir el tiempo, pero él, ese caminante que no va a parar nunca, siempre sigue al mismo ritmo, ni se acelera, ni se frena, siempre lleva la misma velocidad; "Tic-tac, tic-tac, tic-tac".