Tic-tac, tic-tac, tic-tac. Esa onomatopeya que simboliza lo único que nunca se parará en este mundo, pase lo que pase. Dos simples palabras, sencillas, unidas por un simple guión que reflejan algo internimable, un fiel espectador que observa todo lo que pasa sin querer entrometerse en ello. Él ve nuestra vida, observador silencioso de la humandidad, nadie sabe que está ahí, temido por todos, querido por ninguno. Gracias a él nacemos y morimos, quién sabe qué ocurriría si algún día decidiera hacer una pequeña pausa para dejar de observarnos. Supongo que ya sabréis sobre qué estoy hablando. El tiempo. ¿Qué es el tiempo? No es fácil de definir, pero intentaré hacerlo; El tiempo, es lo que sabes que existe, y siempre te olvidas de él. El tiempo, es eso que puedes llegar a odiar, y también puedes llegar a querer. El tiempo es alguien que siempre está ahí, cuando nos van mal las cosas, lo queremos, tenemos esa pequeña llama de esperanza que nos anima a seguir hacia delante, junto a él, incansable compañero de viaje, que sabemos que siempre nos seguirá. Cuando todo nos va bien, odiamos el tiempo. Sabemos que todo cambiará a peor algún día, y queremos que se tome un pequeño descanso, y pare todo, para poder disfrutar de lo que estamos viviendo eternamente. Pero eso nunca ocurrirá, el tiempo continuará andando a nuestro lado, hasta el día de nuestra muerte. Tic-tac, tic-tac, tic-tac. Adoro ese sonido, siempre al mismo tiempo, sin acelerar ni bajar el ritmo, siempre igual, muestra de la perfección del tiempo. Los relojes, ese símbolo del tiempo, que nos dice la hora que és, el segundo, incluso el día, todos sabemos cómo funcionan, y solemos llevarlos encima. Es la necesidad de saber qué hora és, la necesidad de saber que el tiempo no se ha parado, la necesidad de saber que queda menos de ese día interminable. Una costumbre muy curiosa de nosotros, los humanos, es mirar el reloj continuamente cuando queremos que pase rápido el tiempo, y curiosamente, pasa más lento. Ese es otro tema que quiero tocar, nuestra percepción del tiempo. Todo depende de nuestro estado de ánimo, y de lo que pase a nuestro alrededor. Cuando estamos enamorados, y estamos con la persona amada, observándole, pensando un "Tengo suerte por estar con ella.". Al parecer, siempre queremos sentir que está con nosotros, que está ahí, que no es un sueño, abrazamos a la otra persona, y la aferramos a nosotros como si fuera la última vez que la fuéramos a ver. A veces, muchos nos quedamos mirándole fíjamente a los ojos, observando inmóviles nuestro reflejo en ellos, viendo el mundo en esas dos pequeñas joyas que no cambiaríamos por nada del mundo. Otras veces, nos quedamos observando la cara que nos trae alegrías diarias, la cara en la que están esas dos piedras preciosas, encima de una boca que usa para dejar escapar esa dulce voz que tanto nos encanta, que nos hipnotiza como una sirena. Solo hay dos palabras, dos simples palabras que lo significan todo cuando estás con esa persona: "Le amo." Quieres acariciar cada milímetro de su piel, con suavidad, sintiendote como si acariciaras algodón, suave, y delicado. No queremos que pase el tiempo cuando estamos con esas personas, le dejamos de lado, queremos que se vaya y no vuelva en unos cuantos años. Otras veces, en cambio, cuando hemos tocado fondo, y sabemos que la luz está ahí fuera, pero giramos la cabeza para no verla, solo queremos encogernos en nuestro pequeño rincón oscuro, y esperar, dejar que el tiempo nos acompañe, y que él haga que todo termine. En esos momentos, solo queremos estar solos, sin que nadie nos moleste, quizás para pensar, quizás porque nos molestan, o simplemente porque no queremos la compañía de nadie en esos momentos difíciles. Pero siempre hay alguien, que quiere sacarte de ahí, de ese rincón y acercarte a la ventana, abrirla y hacer que veas la luz. Muchas veces agradeces la existencia de estas personas, pero otras veces, estás demasiado hundido, que buscas el rincón más alejado para esconderte del mundo, que nadie sepa dónde estás, ni cómo estás. ¿Por qué? En esos momentos, sabes que el mundo no te ha tratado bien, y lo último que esperas, es estar con él. Por ello buscas la compañía del infinito tiempo, y de la fiel compañera y experta en el olvido, la soledad. En fín, todo depende de cómo estemos para precibir el tiempo, pero él, ese caminante que no va a parar nunca, siempre sigue al mismo ritmo, ni se acelera, ni se frena, siempre lleva la misma velocidad; "Tic-tac, tic-tac, tic-tac".

1 comentarios:
V. Sigues sorprendiendome, con la facilidad con que vas completando los textos, este texto parece una especie de recopilación de los dos anteriores. Veo que utilizas y bien bastantes recursos literarios. Hasta pronto!
Publicar un comentario