Heart-crushed...

Y ahí estás. De nuevo, en pie. Ya no hay nadie a tu lado, vuelves a sentir el frío de la noche rodeándote con sus gélidas manos tú única compañía, de nuevo. Contemplas tu corazón, destrozado en el suelo. En miles y miles de pedazitos que... no se pueden volver a recomponerse, nunca más. Inmóvil, te agachas, impresionado por lo que acabas de ver, intentando buscar alguna forma de repararlo, pero... es inútil, ya no hay ninguna posibilidad. El suelo empieza a mojarse en ese instante, lágrimas de dolor e impotencia inundan el suelo, cayendo sobre los pedazos destrozados de lo que una vez fue tu corazón, tus sentimientos, tu alma, lo que te hacía... humano. Se acabó. Ya no hay nada humano en ti. El hueco de tu corazón lo ocupan ahora el dolor y la tristeza. Poco a poco, vuelves a la normalidad, mientras el dolor y la tristeza se fusionan y toman forma de un nuevo corazón para reemplazar al anterior.

Día a día, andas por la calle con una expresión gélida e inmóvil, la mayoría de veces acompañada de unos ojos húmedos a punto de romper a llorar. Ese nuevo corazón, es negro. Está lleno de odio y de rabia, y en sus entrañas solo consigues encontrar tristeza y desilusión. Tu expresión se vuelve permanente, no consigues mostrar sentimientos porque sólo conoces uno; El dolor. No conoces nada más, solo eso, y tu cara puede que varíe, pero todo es falso. Andas por la calle a diario, como un fantasma, esquivando a la gente con tranquilidad y sin un rumbo fijo, solo esperas que el dolor se quede con esa gente y te pierda de vista. Pero no ocurre, y siempre acabas sentado en cualquier lugar, solo, contemplando el infinito, tan perfecto que su belleza es hipnótica. Día tras día, esto se convierte en rutina, y aumentando de tiempo gradualmente, hasta que estás todo el día contemplando esa perfección del infinito, huyendo de la realidad que tanto daño te ha hecho. Hasta que un día... algo ocurre. No estás solo ahí, alguien más ha venido a contemplar el infinito. Se presenta, y no la conoces de nada, pero te hace compañía. Cuando vuelves a tu templo de la tranquilidad para descansar hasta que de nuevo tengas que huir de la realidad, sientes que tu corazón no está igual, algo ha ocurrido. Ya no es negro, hay una porción que es roja y te consigue hacer sonreir. Intentas ignorarlo, porque sabes que volverás a vivir esa tortura diaria si sigues con eso, y entierras ese sentimiento como antaño en lo más fondo de tu ser. Vuelves durante unos días a tu rutina, y ella está siempre allí, haciéndote compañía, y cada vez tu corazón vuelve a latir por amor, vuelve a latir por alguien, vuelve a latir por... ella. Intentas enterrar ese sentimiento, como sea, no quieres volver a sufrir lo mismo, no confías en que ella sienta lo mismo por ti, es demasiado para ti, es alguien que nunca podrás tener a tu lado. Y... un día, te lo confiesa. Te dice que si que siente lo mismo por ti, y que te necesita a su lado. Tu corazón en ese pequeño instante vuelve a ser rojo, rojo intenso, latiendo más fuerte que nunca con amor y felicidad. No sabes qué hacer, necesitas recuperarte de ese shock. Al día siguiente, vuelves a lugar de siempre a contemplar el infinito, y cuando la vuelves a ver, sonríes, y le dices que también sientes lo mismo que ella. Todo es increíble, no crees que eso pueda ser real, nunca creíste que existiera una cura para tu negro corazón corroído por el odio y la desilusión... y... ella destroza tus teorías y hace que puedas volver a soñar, a vivir, a ilusionarte, a... ser humano otra vez. Ella es tu pequeña porción de cielo, con ella todo es perfecto, no existe el dolor, no existe la tristeza, solo el amor y la alegría. Es un sueño hecho realidad, no puedes expresar tanta felicidad, solo... te acurrucas en su hombro y cierras los ojos disfrutando de ese mágico momento junto a ella. Vuelves a conseguir mostrar tus sentimientos otra vez, y todos ellos buenos. No tienes palabras para agradecer lo que ha hecho por ti, solo quieres abrazarla y no soltarla jamás, y besarla hasta que tu saliva y la suya sean la misma. Y... entonces, sientes que algo vuelve a arrastrarte a tu vida anterior, solitaria y... sin ella. Sacas tu espíritu de lucha, ganado gracias a ese tiempo que pasate solo, desenfundas tu espada, y aniquilas a todo lo que pretende sacarte de esa situación, lanzas el escudo y tu valentía crea una nueva arma, una pistola disparando balas de felicidad e ilusión. Demuestras que esta vez no vas a caer, que nunca más vas a volver a estar como antes, porque ahora tienes a alguien por quien luchar, tienes a alguien por quien vivir. No importa cuántos sean esos problemas, tu valentía no tiene límites, y nos superas todos por ella. Un día, ella necesita tu ayuda. Entonces, tu valentía se crece mucho más de lo que jamás habrías pensado, y lanzas tus armas, no son suficientes, lanzas un grito de guerra estremecedor que eriza todos los pelos de tus adversarios, tus ojos toman un color amarillo brillante, y tu cuerpo no conoce límites de fuerza y destreza. Cargas contra esos problemas armado de valentía, ilusión, felicidad, y... por ella. Pero la lucha es demasiado difícil. Te da igual, continúas y continúas luchando, por ella, te da igual, solo quieres que sea feliz y quitarle los problemas de en medio. No te vas a rendir así como así, vas a luchar por ella hasta el fin, por mucho que te cueste. Y cuando por fin todo acaba... vuelves a estar a su lado, acurrucado en su hombro otra vez, susurrándole frases de amor y mimándola. Le debes todo y... nunca se podrás agradecer lo suficiente. Esto es el amor, hace milagros, tanto para mal, como para bien, sólo... límitate a esperarlo, el solo se encargará de todo.