Rise forever...

Piensa en algo por lo que luchar. Bien, ahora, olvídalo, y simplemente, lucha. En el primer caso, se le llamaría comúnmente valentía, en el segundo, locura. Eso es lo que diferencia estos dos sentimientos, ese motivo. Si, lo he dicho bien, sentimientos, porque eso es lo que son. La valentía no es una cualidad, todos la tenemos, solo… hay que saber buscarla y sacarla a la luz. Con la locura pasa lo mismo, todos tenemos algo de locura, solo que algunos la ocultan más que otros, todos hemos pasado un momento tonto en el que nos hemos dejado llevar por algo de locura, y normalmente sale mal. Pues bien… siento decir, que esto no es la valentía. Buscar un motivo por el que luchar a diario no es ser valiente, es estar perdido. La valentía… es otra cosa diferente. Todo empieza un día cualquiera, caminas tranquilo por la calle, cuando de repente, algo te asalta, y te esconde en un callejón. No puedes verle la cara, la lleva tapada. Te inmoviliza en el suelo, y te rebusca por los bolsillos, tira el dinero al suelo, cuando lo hace, sientes un escalofrío y piensas: “¿Qué demonios querrá de mi?”. Y, por fin, aparece tu rescate. Tus queridas y adoradas Ilusiones. Cuando estas, empiezan a pegar al enmascarado, este, huye corriendo de la escena. Tus Ilusiones te ayudan a levantarte y a seguir hacia delante. Con el tiempo, estos ataques van aumentando, de frecuencia, y de número de asaltantes. Escuchando conversaciones ajenas, te das cuenta de que se les llama normalmente Penas a estos asaltantes enmascarados. Llega un día, en el que las Penas son tantas y tan fuertes, que acaban haciendo añicos tus Ilusiones. Ese día, es el inicio de tu pesadilla. Te secuestran, te llevan a una habitación, donde solo dejan entrar a una dama contigo. Se presenta y te hace algo de compañía, dice que se llama Soledad, y que quiere ser tu amiga. Aceptas por obligación, y pasas el día y la noche hablando con ella. Mientras hablas con ella, descubres muchísimas cosas que antes no sabías, y te das cuenta de que hay cosas que son mucho peores de lo que parecen ser, o también de que no todo es de color rosa, que la mayoría es de color gris o negro. Día a día, el tiempo pasa y tú, sigues encerrado en cuatro paredes hechas de lamentos y lloros. Continúas hablándole a tu nueva amiga Soledad, te sorprende saber que es muy agradable hablar con ella, y que es una buena compañía. Y continúas estableciendo lazos de amistad con Soledad, hasta que… un día, se harta de ti, y se va de esa habitación, y te deja solo. Te pones nervioso, pero poco a poco asimilas el no tener ya nada más. De vez en cuando, empiezan a entrar algunas Penas y te pegan palizas, te destrozan hasta que no pueden más, y se van. De repente, cuando te están pegando una paliza, entra un desconocido, y les ayuda a pegarte. Cuando acaban, se van todos menos él. Se sienta a tu lado, y empieza a hablar contigo. No quieres contestarle, pero necesitas hablar con alguien, y acabas cediendo. Poco a poco, consigue que le tengas algo de confianza, y cuando se la tienes, se presenta. Se llama Cobardía, y dice que es el que tiene la solución a todos tus problemas. Después de decir esto, saca un cuchillo, dice que está forjado por él, y que esa es la solución a todo. Lo coges incrédulo, y empiezas a pensar. Crees que es una idiotez, y que es absurdo, es la vía fácil. Aun así, acabas pensando que es lo mejor y lo único que puedes hacer. Cuando por fin la Cobardía mina por completo tu voluntad y se apodera de ti, lo decides hacer. Cuando ese cuchillo toca tu piel, se rompe una pared y entra entre humo y luz un personaje bastante pintoresco. Lo primero que hace, es dispararte al cuchillo y enviarlo lejos de ti. Viste de negro, lleva un sombrero negro, y una gabardina que le cubre hasta la nariz, negra también. Lleva varias armas colgadas a su espalda, y dice ser portador de la auténtica solución. Te ves en una encrucijada, o terminar con todo por lo fácil, o avanzar y decirle a mundo que aún tienes guerra por dar. Cuando te decantas por la segunda opción, Valentía te da un arma, la que quieras, está hecha de euforia y motivación, y está cargada con libertad. Sales por ese agujero, y aniquilas con la ayuda de Valentía a todas las Penas que se cruzan en tu camino, caminas con un rumbo fijo, buscando venganza, con una determinación tan fuerte como el acero, continúas aniquilando Penas, hasta que… llega el día, en el que no hay más. La pesadilla… se acabó. Buscas nuevas ilusiones que te acompañen a diario, y cuando todo está rehecho otra vez, Valentía se despide de ti, te pide su arma, y se va. Pero antes de hacerlo, te avisa de que siempre estará ahí, cuando no puedas más, llegará y te ayudará. Vives tu vida normal de nuevo, se te hace extraño. Al principio, tardas en acostumbrarte otra vez a estar bien, pero poco a poco, vuelves a ser el mismo de siempre, y a vivir como antes. Y… tiempo después, otra Pena vuelve a aparecer en tu vida… pero esta vez sabes qué hacer, y si la cosa se pone fea, Valentía te ayudará. Esto es realmente la valentía. No es plantarle cara a alguien, o pelear cuando en el otro bando son más. Eso, es locura. La valentía, es levantarte cuando no puedes caer más hondo, eliminar todos tus problemas de raíz, y plantarle cara al mundo, gritar: “¡Eh! ¡Qué estoy aquí!” bien alto, para que todos lo escuchen. Todo depende de lo que tú quieras, si quieres caer, te dejarás caer, pero… si quieres vivir, vivirás. La valentía es nuestro ángel de la guarda personal. Nunca la olvides.