Erase una vez, un pequeño ser, el cual en un tiempo lejano, fue grande, de aspecto intimidatorio y bonachón al mismo tiempo, que dominaba su cuidad, llamada Mente. El –ahora- pequeño Sueño, no sabe cómo ocurrió muy bien, pero de un día para otro, dejó de dominar esa ciudad, porque cada vez se le respetaba menos y nadie le hacía caso, hasta que se hizo pequeño, del tamaño de un arbusto en un gran bosque. Desesperado ante la situación, vagaba libremente, con la mirada perdida en el vacío que todo aquello había dejado en él, buscando respuestas a preguntas que no había parado a plantearse. Tan sólo andaba, y andaba… sin saber hacia dónde se dirigía, sin conocer si quiera si andaba en círculos en la misma manzana, no se fijaba en nada, ni en nadie, lo único que hacía era deslizar su pie derecho acariciando el áspero suelo de asfalto sucio, dejándolo descansar unos segundos, y después enviando detrás a su hermano gemelo, arrastrándolo con la misma desgana, característica de la desesperación y la desorientación total.
Un día, se dio cuenta de que salió de la ciudad, y siguió caminando, por un ancho camino de tierra y piedras. Lo que le llamó la atención, es que no era el único: Le seguían de cerca otros seres como él, con la misma mirada, y con el mismo paso. Los olvidó, y siguió su camino. Lo que nunca se preguntó, fue hacia dónde iba ese camino, no le importaba, tan sólo quería salir de allí.
Día tras día, caminó y caminó… hasta que llegó a una ciudad, derruida, en ruinas prácticamente, llena de seres como él, exactamente iguales que él. Antes de entrar a la ciudad, pudo distinguir un cartel, en el que se podía leer, con un poco de esfuerzo: “Bienvenidos a Corazón: La ciudad de la esperanza”. Sueño entró en Corazón, y conversando con los demás seres similares a él, decidieron ayudar a los habitantes de Corazón, y reconstruir la ciudad. Tras meses, incluso años de esfuerzo, consiguieron reconstruir Corazón, y la ciudad adquirió un brillo mágico, cualquiera que lo viera desde lejos, quedaba hipnotizado por su belleza e intensidad. Sueño, tras reconstruir Corazón, creció. Pero no fue el único, todos los seres similares a él, lo hicieron también. Día a día, crecieron más, y más, y se animaron hasta recuperar las ansias de dominar su antigua ciudad, Mente, y fueron a ella dejando atrás Corazón. Todos, menos el pequeño gran Sueño. Él se quedó en Corazón, y la mantuvo, como pudo, reconstruyendo edificios y evitando incendios y catástrofes varias. Tras un par de meses, llegaron varios seres como él, como Sueño, exactamente igual como él llegó a Corazón, con la mirada perdida y arrastrando los pies cansados de caminar y de seguir existiendo. Sueño se decidió, y los animó, hasta que recuperaron su altura original, y le dijeron a Sueño, que Mente había sido destruida, pero que cuando se fueron, estaba otra vez reconstruida, como si no hubiera pasado nada. Y Sueño, se quedó en Corazón, hasta que se hizo realidad, y fue sustituido por otro como él, otro Sueño, coordinador y guardián de Corazón.
Es difícil decir dónde están situados los sueños, podría decir que en la mente, o en el corazón. No se puede saber, seguramente eso dependerá de quién sea el que se lo pregunte, para algunos, estarán en el corazón, y para otros, en la mente. Los primeros, serán unos sensibleros, débiles y frágiles como una pequeña rama seca caída de un árbol en invierno. Los segundos, serán fríos, fuertes y prepotentes. Pero… digo yo, ¿Y si… están en las dos partes?
¿Cómo sería esa persona? Supongo que esa persona, sería débil y fuerte a la vez, cariñoso y frío a la vez, distante y cercano a la vez. Todo depende de si hay sueños por igual en cada uno, o en uno hay más que en otro. Lo único que sé, con toda seguridad, es que los sueños nunca mueren. Tan sólo se cambian de ciudad.

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