Last words.

Palabras. Nada más, eso son lo que son, palabras. Millones y millones de letras, agrupados en morfemas, que se ponen de acuerdo para crear palabras. Y estas, a su vez, se reúnen en frases, y párrafos, y páginas… y en libros. Cualquiera puede usar estas maravillas de la humanidad, pero tan sólo unos pocos pueden crear verdadera magia usándolas. Todos conocemos a alguno de esos genios, literatos que consiguen emocionarte con borrones negros a los que nos enseñaron a llamar “letras”. Y en realidad no son nada más que eso, borrones negros. Somos nosotros los que les damos significado. Gracias a eso, una palabra nunca tendrá una definición completamente objetiva. El diccionario siempre servirá para sujetar la pata coja del sofá, y para poca cosa más. Todos somos diferentes, y como tales, tenemos una visión distinta de la realidad que nos rodea, y por culpa de ese contexto, las palabras varían de significado de una persona a otra. Creo que las palabras son el único invento humano que realmente mereció la pena, lo único que la razón humana dio bueno de sí. Con las palabras puedes crear belleza, hacer llorar, hacer reír, son las dueñas reales de nuestros sentimientos. Nadie puede conseguir dominarlas por completo, son las indomables señoras de la mente humana. Estamos rodeados de ellas, y no nos importan para nada. No valoramos lo que son las palabras, tan sólo asimilamos su significado, pero ya está. Nadie se habrá parado a pensar en lo precioso que es el sonido de una “s” después de cualquier vocal, la suavidad que adquiere la siguiente vocal, parece que esté domada y sea dócil. O en cambio, la fuerza bruta de la “f”, perfecto retrato de la naturaleza salvaje y hostil que nos rodea. Y por qué no, también en la bella forma de la “t” dos trazos que pueden crear la más bella de las letras, me atrevería a decir. O la perfección de la “z”, tres trazos rectos y fuertes, un zigzag que derrocha energía en cada milímetro de su extensión. Las letras transmiten belleza y sentimientos, y las palabras ideas y pensamientos. Son la unión perfecta. Yo las maltraté. Tuve el valor y la osadía de hacerlas sentir incómodas entre ellas en frases, creando así un caos y desorden de unos niveles exorbitados. Cada palabra que sale de mi mente es una cuchillada más a estas inocentes víctimas. Por eso es hora de que las deje tranquilas, no merecen sufrir por culpa de alguien como yo. Seguro que sin mis aportaciones infernales conseguirán algo de dignidad y de prestigio, el que le quité al empezar a usarlas. Nunca podré solucionar el daño que les hice, pero sí puedo parar de seguir acuchillándolas. Lamento seguir escribiendo, pero quiero aprovechar los últimos párrafos que saldrán de mi mente usándoos a vosotras como método de transmisión sentimental. Espero que alguien pueda volver a utilizarlas debidamente para crear la mejor magia que existe. Que alguien pueda devolverles la dignidad que les hice perder. No lo volveré a intentar, lo prometo. No merecen volver a ser destrozadas de tal manera otra vez. No merecen salir de la mente de alguien que como yo.
A partir de ahora… me conformaré con ser su pequeño admirador secreto, las seguiré de cerca en los libros e historias que pueda encontrar, y observaré silenciosamente sus esbeltas figuras y sus mágicos halos de negros. Son borrones negros, sí. Pero son los borrones negros de los que se compone la vida, los borrones negros que dan sentido a muchas vidas, los mismos que comprenden a gente como yo sin conocerla de nada, y se dejan usar por cualquiera, y la verdad es que pocos las cuidan con la delicadeza que merecen. Ya es hora de que deje de dañar a estas damas y señoras de mi vida. Hasta siempre, mis borrones negros.

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