El sonido de un cristal quebrantándose en mil y un pedazos, diminutos, es la mejor metáfora de lo que ocurre cuando muere un sueño. Los sueños, siempre son grandes metas, la mayoría de veces inalcanzables para uno mismo, que de una manera u otra te hacen seguir adelante, por la ilusión estúpida de llevarlos a cabo algún día. Siempre, absolutamente siempre, en algún momento te das cuenta de que ese sueño es completamente imposible, y justo en el instante en el que lo descubres, se rompe dejando en el suelo un millar de pedazos que ignoras aunque dentro de poco ellos serán tu único motivo para vivir. Te lamentas, odias todo, maldices todo lo que existe, pataleas cual niño pequeño en tu habitación por haber perdido la partida contra la realidad, hasta que te cansas, e intentas proponerte otra meta, algo nuevo que nunca habías pensado antes. Pero hay una diferencia; No te propones uno, te propones un centenar de sueños, seleccionando de los pedazos rotos del primero los que te interesan y desechando los demás. Pero esa no es la única manera de volver a rehacer tus metas desde otras ya olvidadas, hay dos formas más: La primera, es jugar a ser mago, ser un nigromante que se acerca a un cementerio lleno de sueños enterrados descansando después de haber sido asesinados por la vida, abrir un libro llamado tenacidad y leerlo, hasta que los sueños vuelvan a revivir, vuelvan a ser parte de tu vida y acompañarte de nuevo siempre pase lo que pase. Esta forma de volver a recrear metas muertas sólo puede ser usada por unos pocos, o bien estúpidos ignorantes que no saben ni dónde viven, o por los más sabios cultos, eruditos y lectores constantes de libros olvidados en el tiempo de calidad indudable. No hay punto medio, los primeros, lo harán porque no podrán pensar otra cosa, y los segundos, porque la considerarán la mejor opción de todas las que tienen a elegir. La última opción, es la más difícil y sinónimo de locura, y es el no deshacerse de un sueño, no abandonarlo, ni si quiera pensar en dejarlo de lado, tan solo luchar y luchar por él, aplastar a todo lo que se te ponga por delante y conseguirlo a toda cosa. Incluso si tardas toda la vida en conseguirlo, pero lo conseguirás porque tú quieres conseguirlo, y te da exactamente igual todo. Es la opción más soberanamente idiota que alguien puede elegir. Eso no es fuerza de voluntad, es idiotez. Perderás tiempo intentando conseguirlo, y si es prácticamente imposible, dedicarás tu vida a una utopía que jamás se cumplirá. Si un sueño te cuesta demasiado de conseguir, sé práctico, abandónalo, hay un trillón de sueños que conseguirás con un poco de esfuerzo, que deseas alcanzar pero que cegado por esa gran meta que tienes en un altar no quieres verlos. Y es que, con el tiempo, se comprende que lo que realmente sirve en la vida, es ser práctico, pensar con la cabeza y usar la razón. Muchos dirán que te perderás lo mejor de la vida, que hay que ser a veces impulsivo… etc. Ser práctico no significa que no puedas ser impulsivo, ser práctico es saber cuándo ser impulsivo y cuándo calculador. No siempre pensar es sinónimo de predecir todo lo que va a ocurrir y actuar en consecuencia, a veces pensar es dejar la mente en blanco y dejar que el corazón tome el control de tu cuerpo durante un tiempo.
La vida es un cambio de roles constante, una obra de teatro en la que cada 5 minutos cambias de personaje, y no sabes el papel de ninguno, sólo puedes improvisar. No seas idiota, el público no sabe tu papel, búrlate de ellos, relájate e inventa tu guión.

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